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Currywurst: por qué una salchicha puede explicar Alemania
Cada año se consumen cientos de millones de currywurst en Alemania y su historia atraviesa la posguerra, el Berlín dividido y las fábricas de Volkswagen
En 2024, Volkswagen vendió 8,5 millones de salchichas, casi el doble que los automóviles entregados por su marca principal. De hecho, el fabricante alemán, uno de los mayores grupos industriales del país, produce desde 1973 su propia currywurst, siguiendo una receta que conocen muy pocos empleados. La elabora en Wolfsburgo y la distribuye en comedores de empresa y supermercados. La salchicha tiene incluso un número de referencia, como cualquier recambio de sus vehículos: 199 398 500 A. También el kétchup que la acompaña figura en el catálogo de piezas, con el código 199 398 500 B.
Según varias estimaciones, en Alemania se consumen alrededor de 800 millones de currywurst al año, unos 70 millones solamente en Berlín. Existen numerosas variantes, desde las tradicionales de cerdo hasta las vegetarianas, de pescado, de avestruz o de caballo, e incluso algunas adornadas con láminas de oro comestible. No obstante, la receta clásica consiste en una salchicha de cerdo asada o frita, troceada y cubierta con una salsa de tomate condimentada con curry, pimentón y otras especias que, si la preparamos en casa, podemos maridar con Alhambra Reserva 1925.
Se sirve habitualmente con patatas fritas o un panecillo, sobre un plato de cartón y con un pequeño tenedor. Cada establecimiento tiene su propia interpretación, especialmente de la salsa, que puede resultar más dulce, picante o especiada. Su enorme popularidad explica por qué, cuando Volkswagen decidió retirarla del menú de uno de sus principales comedores en 2021, la medida provocó una polémica nacional. El excanciller Gerhard Schröder salió en defensa de la currywurst, que consideraba parte de la cultura alimentaria de los trabajadores alemanes, y difundió el lema Rettet die Currywurst, “salvad la currywurst”. Dos años después, la empresa volvió a ofrecerla.

Una receta nacida entre las ruinas de Berlín
La historia más conocida de la currywurst comienza el 4 de septiembre de 1949 en Charlottenburg, un barrio del sector occidental de Berlín. Alemania llevaba cuatro años intentando recuperarse de la tragedia de la Segunda Guerra Mundial y su antigua capital estaba dividida entre las potencias vencedoras. En ese escenario, Herta Heuwer regentaba un pequeño puesto de comida en la esquina de Kantstraße con Kaiser-Friedrich-Straße.
Según el relato que se ha transmitido durante décadas, aquella jornada lluviosa había pocos clientes y la señora Heuwer aprovechó para experimentar con los ingredientes que tenía a mano. Mezcló concentrado de tomate, curry y otras especias hasta obtener una salsa que empezó a servir sobre las salchichas. Las versiones difieren en algunos detalles, incluida la procedencia de los condimentos, que se ha relacionado con los soldados aliados estacionados en la ciudad.
Sea como fuera, la combinación encajaba especialmente bien en la Alemania de posguerra. La salchicha pertenecía a una larga tradición de charcutería local, mientras que el tomate y las especias reflejaban la llegada de productos y costumbres alimentarias del exterior. Además, era una preparación económica, fácil de servir y adecuada para quienes necesitaban comer rápidamente durante su jornada de trabajo en época de reconstrucción.
El negocio de Heuwer prosperó y en enero de 1959 consiguió registrar la marca Chillup, formada probablemente a partir de las palabras inglesas chilli y ketchup. La receta exacta de su salsa permaneció en secreto hasta su muerte, en 1999. Hoy, una placa colocada en 2003 en el número 101 de Kantstraße recuerda el establecimiento y reconoce a su propietaria como creadora de aquella especialidad. El 15 de agosto de 2009 se inauguró incluso el Museo de la Currywurst en Schützenstraße 70, muy cerca del Checkpoint Charlie, aunque cerró definitivamente en 2018.
La paternidad del plato, sin embargo, sigue siendo objeto de discusión. Hamburgo reivindica una historia anterior, popularizada por el escritor Uwe Timm en su novela Die Entdeckung der Currywurst, publicada en 1993. Su protagonista, Lena Brücker, es una vendedora ficticia que prepara salchichas con curry en 1947, aunque Timm aseguró haber probado una receta semejante durante su infancia. La cuenca del Ruhr, región industrial del oeste alemán, también reclama un papel en sus orígenes y, sobre todo, en su difusión entre los trabajadores de minas y fábricas.

Del Berlín dividido a la mesa: cómo se come una currywurst
La división alemana durante la Guerra Fría también dejó diferencias en su elaboración. En Berlín Occidental se popularizó la currywurst mit Darm, una salchicha con tripa que adquiere una superficie ligeramente crujiente al cocinarse. En cambio, en el sector oriental se extendió la versión ohne Darm, sin esa envoltura, generalmente más clara y de textura suave. La escasez de tripas naturales durante la posguerra y las dificultades de abastecimiento contribuyeron al desarrollo de esta segunda variedad, que se consolidó en la República Democrática Alemana.
Uno de sus establecimientos emblemáticos es Konnopke's Imbiss, en Prenzlauer Berg, cuyo origen se remonta a 1930. Allí, en 1960, Günter Konnopke, que había trabajado en una carnicería de Berlín Occidental, llevó la idea de la currywurst al negocio familiar, donde desarrollaron una versión sin tripa y una salsa propia. Todavía hoy, pedirla con o sin ella permite reconocer dos tradiciones culinarias que sobrevivieron a la reunificación. En otras regiones, las diferencias afectan al tipo de salchicha, a las especias y a la densidad de la salsa.
Aunque suele comerse rápido, de pie y junto a un quiosco, la currywurst también se merece un maridaje adecuado. Por supuesto, en Alemania, la cerveza es uno de sus acompañamientos habituales, y la combinación tiene una explicación gastronómica: la carbonatación contribuye a refrescar el paladar después de cada bocado, mientras que el amargor del lúpulo contrasta con el dulzor de la salsa de tomate. En España, podemos probarla con una Alhambra Reserva 1925, una cerveza que con sus notas de cereal, matices tostados de malta y un amargor equilibrado, puede acompañar muy bien una versión clásica de la receta, compensando la grasa de la salchicha y armonizando con las especias.
Setenta y siete años después del supuesto experimento de Herta Heuwer, millones de alemanes continúan comiéndo la la currywurst sobre un plato de cartón, mientras siguen discutiendo sobre el origen de un plato que representa perfectamente a un país mucho menos homogéneo de lo que a veces se piensa.
Imagenes I Unsplash
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