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Los supermercados también son una atracción turística: así es el ‘grocery shop tourism’ Los supermercados también son una atracción turística: así es el ‘grocery shop tourism’

Es Tendencia - Curiosidades

Los supermercados también son una atracción turística: así es el ‘grocery shop tourism’


Entrar en un supermercado durante un viaje se ha convertido en una forma de descubrir qué come un país, cómo lo compra y qué productos forman parte de su vida cotidiana


Hay viajeros que en Japón reservan un rato para recorrer un supermercado local con la misma curiosidad con la que visitarían un templo sintoísta o asistirían a una función de kabuki. Entran sin una lista de la compra, se detienen ante productos que no conocen, comparan sabores y envases y, a menudo, sacan el móvil antes de llegar a la caja.


Hace años que algunos creadores de contenido entendieron el atractivo de estas experiencias. El youtuber italiano Nicolò Balini, conocido como HumanSafari, ha grabado supermercados y tiendas de alimentación en países como Estados Unidos, Japón, Mongolia o China, y algunos de esos vídeos figuran entre los más vistos de su canal. Instagram incorporó después los pasillos del supermercado al relato de los viajes y TikTok contribuyó a popularizar una etiqueta para el fenómeno: grocery shop tourism. Es decir, turismo de supermercado. 


El interés ha alcanzado una dimensión considerable. Según el informe de tendencias de Hilton para 2026, elaborado a partir de una encuesta a más de 14.000 viajeros de 14 países, el 77 % afirma que disfruta explorando supermercados locales cuando está en el extranjero. Casi la mitad, un 48 %, prepara además alguna de sus comidas durante el viaje. La compra puede responder así a una necesidad práctica y convertirse también en una actividad del llamado turismo experiencial.


grocery shop tourism

Lo que un supermercado cuenta sobre cómo comemos


Parte del éxito de esta tendencia está en que el supermercado resulta fácil de entender incluso cuando cambian el idioma, las marcas y buena parte de los productos. La estructura es conocida y permite concentrarse enseguida en las diferencias: cuánto espacio ocupa cada categoría, qué alimentos se venden preparados, qué tamaños se consideran normales o qué sabores aparecen una y otra vez.


Los konbini japoneses son un buen ejemplo. En estos pequeños establecimientos, muchos abiertos las 24 horas, se venden onigiri, bandejas de sushi, fideos, cajas bento, ensaladas y tamago sando, el popular sándwich de huevo y mayonesa, además de bebidas, dulces y artículos de uso diario. Buena parte de la oferta está preparada para consumirse al momento o con una elaboración mínima, una característica especialmente apreciada también por quienes están de viaje.


En Corea del Sur sorprende la amplitud del surtido de ramen instantáneo y de banchan preparados; en Suecia, las largas hileras de caramelos a granel permiten componer una bolsa mezclando sabores y texturas; en Estados Unidos, a muchos visitantes europeos les llaman la atención los grandes formatos y detalles cotidianos como encontrar los huevos en la sección refrigerada.


También España puede resultar sorprendente para un extranjero. Un visitante que conoce su cocina por la paella, las tapas o el jamón encuentra pasillos completos de conservas de pescado y marisco, numerosas variedades de aceitunas, legumbres ya cocidas, tortillas preparadas, gazpachos y salmorejos refrigerados, quesos regionales y una oferta de aceite de oliva en la que cambian orígenes, variedades y formatos.  En pocos pasillos se cruzan la historia agroalimentaria, industrial y social de un país.


supermercados

De la cena al souvenir


Si la curiosidad explica parte del grocery shop tourism, quienes entran a mirar suelen acabar también comprando. Comer fuera varias veces al día encarece cualquier viaje y la expansión de los apartamentos turísticos ha normalizado una compra que va mucho más allá del agua, el desayuno o algún tentempié. Incluso muchos hoteles han empezado a incorporar pequeñas tiendas con bebidas, alimentos y platos preparados. 


En España, donde una comida puede improvisarse sin necesidad de cocina con buen pan, queso, embutidos, fruta o una conserva, el supermercado ofrece además la posibilidad de probar productos locales fuera del restaurante. En numerosos establecimientos asiáticos, en cambio, la solución pasa por una amplia oferta de platos preparados que pueden calentarse allí mismo o que solo necesitan agua caliente.


Probar unas patatas fritas con un condimento local o un dulce que solo se comercializa en ese mercado permite ampliar el conocimiento del lugar de forma sencilla. Las versiones locales de marcas internacionales añaden otro juego e incluso estimulan cierto coleccionismo: KitKat de matcha o sake en Japón, chocolates o galletas que resultan familiares por el envase y cambian en cuanto se abren. 


El supermercado se ha convertido también en un lugar habitual para buscar regalos pequeños: una lata de conservas, una salsa, un paquete de café, una caja de té, especias, dulces o una botella de aceite ocupan poco espacio y tienen una relación directa con lo que se consume en el lugar. Las redes han reforzado esta búsqueda porque el formato funciona especialmente bien ante una cámara: productos conocidos con sabores inesperados, precios fáciles de comparar y envases capaces de despertar curiosidad en pocos segundos.


La lista de la compra también ha empezado a escribirse antes de salir de casa. En TikTok e Instagram circulan vídeos dedicados a qué merece la pena buscar en un supermercado japonés, coreano o español, y no faltan viajeros que llegan con marcas, sabores y productos ya apuntados en el móvil. Algunos incluso reservan espacio en la maleta para la vuelta. Si el supermercado entra en la ruta junto al museo, el souvenir puede esperar en una estantería, entre el detergente y los cereales.


Imagenes I Unsplash

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