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¿Fideos fríos? Este plato de origen japonés promete convertirse en un básico de tu recetario veraniego
Desde hace siglos, en Japón, cuando suben las temperaturas, el ramen deja paso a los somen, un plato que te sorprenderá.
En el pequeño pueblo de Kibune, al norte de Kioto, hay restaurantes donde los clientes esperan con los palillos preparados mientras un cocinero anuncia con un "ikuyo" que los somen ya están en camino. Unos segundos después, los fideos descienden por un canal de bambú recorrido por agua fría y cada comensal intenta atraparlos antes de que sigan corriente abajo. La escena, conocida como nagashi somen, es una de las imágenes más reconocibles del verano japonés y resume bien la relación que mantiene el país con este plato.
Fuera de Japón, cuando se habla de cocina japonesa, el protagonismo suele recaer en el sushi o el ramen. Sin embargo, durante los meses más calurosos son los somen los que ocupan muchas mesas familiares. Finísimos, ligeros y listos en apenas unos minutos, forman parte de un repertorio de recetas que apenas necesitan elaboración para ofrecer una comida completa, capaz de combatir el calor sin renunciar al sabor.
Su éxito tiene bastante sentido en una cocina donde la estacionalidad continúa marcando el calendario. Igual que en España recurrimos al gazpacho, el salmorejo o a las ensaladas cuando aprieta el verano, en Japón millones de personas cambian los caldos humeantes por estos fideos servidos casi helados, acompañados de un caldo ligero y unos pocos ingredientes frescos.

Los fideos que anuncian la llegada del verano
Los somen son fideos elaborados con harina de trigo, agua y sal. Su rasgo más característico es el grosor: apenas alcanzan un milímetro de diámetro, lo que los convierte en los más finos de la familia de los fideos japoneses. Esa diferencia, aparentemente pequeña, cambia por completo la experiencia en el plato. De hecho, se cuecen en muy poco tiempo, absorben menos caldo que unos udon y ofrecen una textura ligera que resulta especialmente agradable cuando se sirven fríos.
Aunque hoy se encuentran fácilmente en supermercados de todo Japón, su historia se remonta a más de trece siglos y en muchas regiones todavía se elaboran mediante un proceso artesanal en el que la masa se estira poco a poco hasta obtener hilos extremadamente finos. Es un trabajo paciente que tradicionalmente se realiza durante los meses fríos, cuando las condiciones ambientales facilitan el secado de la pasta. Después, los fideos esperan hasta la llegada del verano para convertirse en uno de los alimentos más consumidos de la temporada.
Algunas zonas del país han construido buena parte de su identidad gastronómica alrededor de este producto. La región de Miwa, por ejemplo, en la prefectura de Nara, presume de una de las tradiciones más antiguas; en Hyogo, la cooperativa responsable de la famosa (en Japón) marca Ibonoito mantiene estrictos controles de calidad para garantizar un producto homogéneo, mientras que en la isla de Shodoshima incluso existen variedades elaboradas con aceite de sésamo o enriquecidas con aceitunas, uno de los cultivos más representativos de la isla.

Una receta sencilla para los días de calor
Una de las razones por las que los somen forman parte de tantas mesas japonesas es su facilidad de preparación. Basta con hervirlos durante dos o tres minutos, escurrirlos inmediatamente y enfriarlos bajo abundante agua hasta eliminar el exceso de almidón. Ese último paso es clave para conseguir que los fideos queden sueltos y con la textura adecuada. A partir de ahí, se abre un mundo de posibilidades, aunque la versión más clásica apenas necesita unos pocos ingredientes.
Los somen clásicos se sirven sobre un caldo frío de dashi (caldo tradicional japonés elaborado habitualmente con alga kombu y copos de bonito seco) o tsuyu (salsa para fideos a base de dashi, salsa de soja y mirin), acompañado de cebolleta muy picada, jengibre fresco rallado, semillas de sésamo y unas gotas de salsa de soja.
Algunas recetas incorporan hojas de shiso (hierba aromática japonesa de sabor fresco, similar a una mezcla entre la menta y la albahaca), pepino cortado muy fino o pequeños cubitos de hielo para mantener la temperatura hasta el último bocado. El resultado es un plato ligero, con una combinación de frescor, umami y notas aromáticas que invita a comer despacio incluso en los días más calurosos.
También existen versiones algo más completas que incorporan verduras salteadas, huevo o diferentes proteínas, lo que permite convertir los somen en un plato único sin perder su carácter veraniego. De hecho, su neutralidad hace que admitan ingredientes muy distintos, siempre que no oculten la delicadeza de los propios fideos.
La combinación de caldo ligero, salsa de soja, jengibre y sésamo hace que el maridaje deba buscar equilibrio antes que intensidad. Una Alhambra Especial es una buena compañera para esta receta porque acompaña un plato ligero sin restarle protagonismo. Su perfil fresco encaja con la sutileza de los somen y del caldo, mientras que la carbonatación ayuda a limpiar el paladar entre bocado y bocado y prolonga la sensación de frescura.
Ahora bien, por suerte ya no hace falta viajar hasta Kioto para incorporar este plato japonés al recetario de verano. Hoy los somen se encuentran con facilidad en tiendas especializadas en cocina asiática e incluso en algunos supermercados de España. Con una cocción rápida, un buen caldo frío y unos pocos ingredientes frescos es posible descubrir por qué estos finos fideos fríos llevan siglos ocupando un lugar privilegiado en las mesas japonesas cuando llega el calor.
Imágenes I iStock, Unsplash
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