Es Tendencia - Gastronomía
Guía definitiva para comprar huevos en el supermercado y no perderse en un mar de etiquetas
Cómo entender los sistemas de cría de las gallinas y elegir con algo más de criterio que el precio
Ir al supermercado a comprar huevos parece una tarea simple, aunque la variedad de opciones disponibles puede complicarlo un poco. “Ecológicos”, “camperos”, “de gallinas criadas en suelo”, “sin jaulas”… A estas indicaciones en el envase se suman sellos, códigos impresos en la cáscara que no siempre resultan fáciles de interpretar para descifrar qué implicaciones tiene para los animales, el precio o incluso la sostenibilidad del sistema alimentario.
No se trata de una cuestión menor, ya que en España el huevo ocupa un lugar central en la cocina cotidiana. Según datos del Ministerio de Agricultura, el consumo doméstico ronda los 140 huevos por persona al año, lo que lo convierte en uno de los alimentos básicos de la dieta, con un protagonismo absoluto en el recetario tradicional: desde la tortilla de patatas, hasta preparaciones tan populares como los huevos rotos o los huevos a la flamenca. También es un ingrediente esencial en repostería y en muchas salsas clásicas como la mayonesa.

Cómo leer el código que aparece en la cáscara
Desde 2004 todos los huevos frescos comercializados en la Unión Europea deben llevar un código impreso en la cáscara que indica el sistema de cría de la gallina, el país de origen y la granja productora.
Ese primer número es la clave:
0XXXXXXX - Procede de producción ecológica.
1XXXXXXX - Identifica huevos de gallinas criadas al aire libre.
2XXXXXXX - Corresponde a gallinas criadas en suelo, dentro de naves pero sin jaulas.
3XXXXXXX - Señala huevos de gallinas criadas en jaulas.
No obstante, la diferencia entre estos sistemas y sus implicaciones no siempre se comprenden del todo. En esencia, tiene que ver con el espacio disponible y con las condiciones de vida de los animales. En las granjas ecológicas y camperas, por ejemplo, las gallinas pueden salir al exterior y disponen de varios metros cuadrados para moverse. En los sistemas en suelo permanecen sueltas pero dentro de grandes naves, mientras que en los sistemas en jaulas viven en estructuras apiladas que optimizan el espacio vertical.
El bienestar animal está estrechamente relacionado con la organización del espacio. De hecho, las gallinas son animales activos que necesitan moverse para mantener un buen estado físico. Según explican especialistas en avicultura, la actividad ayuda a fortalecer el sistema óseo y muscular, algo importante en animales que pueden llegar a poner alrededor de 330 huevos al año, un esfuerzo fisiológico considerable.
Por supuesto, la diferencia entre sistemas también se refleja en el precio, ya que producir huevos con gallinas que disponen de más espacio o alimentación ecológica implica más costes. Por tanto, en el supermercado suele existir una escala clara: los huevos ecológicos son los más caros, seguidos por los camperos y los de gallinas criadas en suelo.

Lo que las etiquetas no siempre cuentan
Ahora bien, también hay que saber que el código del huevo no lo explica todo, y hay prácticas y aspectos importantes para el bienestar animal que no aparecen en la cáscara ni siempre en el envase. Uno de ellos es la práctica del recorte del pico (conocida como debequeo), que en algunos sistemas de producción se utiliza para reducir la agresividad entre gallinas cuando viven en espacios muy densos. Tampoco es obligatorio indicar si en la cadena de producción se utiliza tecnología de sexado “in ovo”, que permite identificar el sexo del embrión antes de que nazca el pollito y evitar así el sacrificio de los machos, una práctica tradicional en la industria del huevo.
En los últimos años la sensibilidad de los consumidores respecto a estas cuestiones ha aumentado. Muchas empresas alimentarias y cadenas de supermercados han empezado a eliminar progresivamente los huevos de gallinas en jaula de sus productos de marca propia. Este cambio responde tanto a la presión social como a compromisos de bienestar animal impulsados por organizaciones internacionales. La transición hacia este modelo no es sencilla, en parte porque durante décadas se han seleccionado variedades de gallinas ponedoras pensadas para la cría en jaulas, que no se adaptan especialmente bien al pastoreo al aire libre.
A nivel europeo, la normativa también ha evolucionado. En 2012 se prohibieron las llamadas jaulas convencionales, en las que varias gallinas podían vivir en un espacio menor que una hoja A4. Desde entonces solo se permiten las denominadas “jaulas enriquecidas”, que incorporan elementos como perchas o zonas de puesta. La Comisión Europea llegó a plantear incluso una transición hacia modelos sin jaulas tras una iniciativa ciudadana respaldada por más de un millón de firmas, aunque la propuesta legislativa todavía no se ha materializado.
Si la Unión Europa se demuestra sensible a estas cuestiones, estas normas de protección del bienestar animal no siempre tienen equivalentes en otras regiones del mundo. Además, hay que considerar que las condiciones de cría no solo afectan a la vida de los animales, sino también a aspectos como el uso de medicamentos veterinarios o la calidad final de los productos que llegan a nuestra mesa. Por todo ello, comprar huevos puede ser un gesto cotidiano que cada vez más consumidores convierten en una forma de expresar qué tipo de industria alimentaria desean apoyar.
Imágenes I Unsplash
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