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Cocina a baja temperatura: la cocción que preserva nutrientes y sabores Cocina a baja temperatura: la cocción que preserva nutrientes y sabores

Es Tendencia - Gastronomía

Cocina a baja temperatura: la cocción que preserva nutrientes y sabores


Esta técnica ha dejado de ser patrimonio de la alta gastronomía y cada vez más aficionados descubren cómo puede mejorar sus platos


El manejo de las temperaturas de cocción tal vez sea la última frontera de la innovación gastronómica y en muchas cocinas profesionales el sonido de una sartén convive desde hace años con el zumbido casi imperceptible de un circulador térmico, conocido popularmente como roner. Sin embargo, hoy existen muchos equipos accesibles que han llevado la cocción a baja temperatura a muchos hogares. La técnica sigue requiriendo cierta práctica, pero ha dejado de ser un procedimiento reservado a especialistas.


Los alimentos se cocinan durante un tiempo prolongado a una temperatura cuidadosamente controlada, normalmente dentro de una bolsa apta para vacío que evita el contacto directo con el agua. El calor penetra de forma gradual y uniforme, sin alcanzar las temperaturas elevadas propias de un horno, una parrilla o una sartén. Esa diferencia modifica tanto la textura como la conservación de los jugos naturales y de buena parte de los compuestos aromáticos que dan personalidad a cada ingrediente.


baja temperatura


Qué ocurre dentro del alimento cuando baja la temperatura


La realidad es que la cocina tradicional trabaja muchas veces con temperaturas muy superiores a las que necesita el interior de un alimento para alcanzar su punto óptimo. En la cocción a baja temperatura sucede precisamente lo contrario: el calor avanza lentamente hasta el centro sin provocar cambios bruscos, produciendo una cocción uniforme, especialmente apreciable en carnes, pescados y mariscos.


De hecho, este proceso evita que se pierdan los jugos y ayuda a que el tejido conectivo se ablande de forma progresiva. Cortes que suelen requerir largas cocciones conservan una textura más melosa y una mayor sensación de jugosidad. En el pescado, donde unos pocos grados pueden marcar la diferencia entre un lomo sedoso y otro seco, la precisión permite respetar la delicadeza del alimento. Las verduras también salen beneficiadas porque mantienen mejor su color, su firmeza y parte de sus vitaminas hidrosolubles, al no permanecer sumergidas en agua hirviendo durante largos periodos.


El vacío es una pieza muy importante del mecanismo porque impide la pérdida de líquidos y concentra los aromas dentro de la propia bolsa. Las hierbas, las especias o un chorro de aceite impregnan el alimento durante toda la cocción sin necesidad de añadir grandes cantidades de grasa. Después, muchos cocineros terminan la preparación con un breve paso por la plancha o la parrilla para obtener una superficie dorada y crujiente y los aromas característicos de la reacción de Maillard, mientras el interior mantiene toda la suavidad conseguida durante las horas anteriores.


Cómo empezar en casa y con qué maridar cada plato


Lo primero que hay que saber es que las herramientas más sencillas para empezar a experimentar con la cocina a baja temperatura ya están presentes en muchas cocinas. De hecho, una cazuela amplia con agua, un termómetro de cocina y bolsas aptas para cocinar permiten familiarizarse con la técnica sin necesidad de realizar una gran inversión. 


También puede recurrirse al horno para cocciones muy largas a temperatura estable. Preparaciones como el brisket, que permanece durante horas cocinándose lentamente y bien protegido para conservar su jugosidad, muestran que la baja temperatura va mucho más allá de la cocina al vacío. 


Finalmente, cuando se busca un mayor grado de precisión o se quiere repetir siempre el mismo resultado, entran en juego el circulador de inmersión y la envasadora al vacío, dos herramientas que facilitan el control de la temperatura y simplifican el proceso, aunque no son imprescindibles para dar los primeros pasos.


baja temperatura recetas


Qué cocinar a baja temperatura


El salmón es uno de los mejores ingredientes para descubrir las posibilidades de esta técnica. Cocinado alrededor de los 50 °C conserva una textura firme y cremosa al mismo tiempo, muy distinta de la que ofrece una cocción convencional. Servido con una salsa ligera de yogur o kéfir y unas hierbas frescas encuentra un buen equilibrio junto a Alhambra Especial, cuya carbonatación limpia el paladar mientras el amargor acompaña la grasa natural del pescado.


El pollo también cambia por completo cuando se cocina lentamente. La pechuga mantiene una jugosidad sorprendente y admite marinados sencillos con limón, ajo o romero que penetran durante toda la cocción. En este caso, Alhambra Reserva 1925, aporta notas tostadas y un cuerpo suficiente para acompañar la intensidad aromática de las hierbas sin ocultar la delicadeza de la carne.


Los cortes de cerdo que necesitan muchas horas para ablandarse, como unas costillas o una pieza de aguja, desarrollan una textura extraordinariamente tierna. Tras un rápido marcado sobre la parrilla para caramelizar el exterior, el plato gana profundidad junto a Alhambra Roja cuya estructura acompaña la intensidad de la carne y las notas ligeramente ahumadas del acabado final. De hecho, se puede incluso añadir un chorro de cerveza en el bolso para maridar la carne.


El pulpo es otro alimento cuya cocción lenta consigue una carne uniforme y agradable al corte, ideal para servir con una crema de coliflor, aceite de oliva y pimentón. La frescura de Alhambra Especial ayuda a equilibrar el conjunto y permite que el sabor del mar siga ocupando el primer plano.


Las verduras tampoco quedan al margen de la cocina a baja temperatura. Espárragos, zanahorias o remolachas conservan mejor su color y una textura firme que resulta especialmente interesante cuando se terminan con un ligero toque de brasa. Alhambra IPA agrega un amargor limpio y notas cítricas que armonizan con los matices vegetales y con los aromas ligeramente tostados de la parrilla.


La cocina a baja temperatura no pretende sustituir otros métodos de cocción, pero amplía las posibilidades del cocinero y ofrece un control muy preciso sobre el resultado final. Allí donde una parrilla aporta carácter o un horno desarrolla aromas intensos, la cocción lenta permite conservar jugos, respetar las texturas y sacar partido a ingredientes de gran calidad.


Imagenes I iStock, Unsplash



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