image image

¿Eres mayor de edad?

Está a punto de entrar a un sitio web titularidad de Mahou San Miguel cuyo contenido se dirige únicamente a mayores de edad. Para asegurarnos de que sólo es visible para estos usuarios hemos incorporado el filtro de edad, que usted debe responder verazmente. Su funcionamiento es posible gracias a la utilización de cookies técnicas que resultan estrictamente necesarias y que serán eliminadas cuando salga de esta web.

Selecciona un país

clear
¿Cuál es la conexión entre Parque Jurásico y el jazz? ¿Cuál es la conexión entre Parque Jurásico y el jazz?

Es Tendencia

¿Cuál es la conexión entre Parque Jurásico y el jazz?

arrow_back Blog

Una película de dinosaurios clonados sueltos por un parque temático gigante y un género musical nacido en Nueva Orleans a finales de siglo XIX.

Por Alhambra Global

A priori, la conexión entre Parque Jurásico y el jazz no parece evidente, pero existe y tiene nombre y apellido: Jeff Goldblum. El hombre que dio vida al doctor Ian Malcolm ha resultado ser uno de los pianistas de jazz más singulares del circuito contemporáneo. Y este año lo demostrará en el festival Noches del Botánico.

La carrera musical de Goldblum no es un spin off de su faceta cinematográfica, sino una constante que ha acompañado toda su vida adulta, aunque durante décadas permaneció en segundo plano frente a su actividad como actor.

Goldblum nació en Pittsburgh en 1952. En esta ciudad industrial del noreste de Estados Unidos el jazz siempre ha formado parte indisoluble del paisaje cultural. Goldblum comenzó a estudiar piano cuando era niño y el instrumento se convirtió en un acompañante fiel antes incluso de que apareciera el cine como posibilidad profesional.

A los 17 años se trasladó a Nueva York para prepararse como actor y en aquel momento su vida se desdobló: interpretación por un lado, música por otro. A diferencia de lo que ha ocurrido en otros muchos casos de actores músicos, la segunda derivada no desapareció jamás. Simplemente no ocupaba el centro de la escena.

Hombre tocando el piano.

Durante los años 70 y 80, Goldblum empezó a realizar apariciones puntuales en cine y televisión (llegó a actuar en la mítica serie Starsky and Hutch), y fue haciéndose con pequeños papeles que le guiarían, poco a poco, hacia blockbusters de la talla de ‘La Mosca’ o, más adelante, ‘Independence Day’. El punto de inflexión global llegó con ‘Parque Jurásico’, donde su personaje, Ian Malcolm, se convirtió en una de las figuras más icónicas del cine de los 90.

Pero incluso en aquellos momentos de fama masiva, el piano siguió estando presente en las anotaciones al margen: durante los rodajes, en los hoteles, en las pausas entre escenas… Sus compañeros de trabajo comentaban que Goldblum aprovechaba cualquier momento libre para buscar un piano o un teclado y entregarse a su pasión musical.

Durante décadas Goldblum mantuvo aquella actividad en un discreto segundo plano. Entre rodaje y rodaje realizó numerosos directos y participó de forma regular en jam sessions y actuaciones en clubes de Los Ángeles. Especialmente en el entorno del Rockwell Table & Stage, donde se integró plenamente en la escena local de músicos de jazz.

Todo aquello acabó materializándose en un proyecto musical estable: The Mildred Snitzer Orchestra. El nombre procede de una amiga de la familia de Goldblum, pianista aficionada, y refleja el carácter informal de la propuesta: aquello no era una estrategia de reinvención artística, simplemente quería darle nombre a un grupo de amigos que tocaba en directo. Como curiosidad extra, hay que señalar que uno de los cofundadores de la Orquesta Mildred Snitzer fue el actor (y trompetista) Peter Weller, protagonista de Robocop. “Sugirió que hiciéramos algo, y yo conocía a un guitarrista, así que empezamos a tocar en un restaurante de brunch en Sunset Boulevard. Ahora, todas las semanas que estoy en la ciudad nos juntamos para tocar”, explica Goldblum.

Jeff Goldblum.

El primer gran paso discográfico llegó en 2018 con ‘The Capitol Studios Sessions’, un álbum de estándares de jazz con colaboraciones de figuras como Sarah Silverman o Haley Reinhart. El disco se publicó para llamar la atención de un público mucho más extenso que los fieles del circuito de clubes. Y funcionó.

El álbum debutó en el número uno de la lista Billboard Jazz Albums en Estados Unidos y también alcanzó el primer puesto de jazz y blues en Reino Unido. Para alguien que llevaba décadas siendo una superestrella del cine, resultaba toda una sorpresa: Jeff Goldblum acababa de convertirse, técnicamente, en un artista revelación dentro del jazz.

Le siguieron ‘I Shouldn't Be Telling You This’ y ‘Plays Well with Others’, este último reforzando el concepto de jazz abierto a colaboraciones. Así, participaron artistas como Ariana Grande o Cynthia Erivo en un cruce generacional y estilístico poco habitual en el género.

La crítica reaccionó con cautela. Algunos medios recelaron y otros destacaron un detalle clave: Goldblum no era un virtuoso obsesionado con demostrar su técnica. Era un anfitrión musical. Un director de ceremonia. Un bandleader. Su talento no perseguía deslumbrar sino en generar atmósfera. La revista Pitchfork lo describió como un pianista competente y hábil, especialmente efectivo cuando cedía protagonismo a músicos invitados, y un maestro alimentando la energía colectiva del conjunto. Nadie lo elevó a un altar, pero todos reconocieron que no se trataba de ningún intruso.

El verdadero motor de la actividad musical de Goldblum reside en el directo. Sus conciertos no se ajustan al formato clásico. Combinan interpretación, interacción constante con el público y momentos de improvisación verbal. La música no se presenta como un bloque cerrado sino como un proceso abierto, vivo y cambiante.

Ese enfoque ha convertido sus conciertos en experiencias que enganchan al público por el enorme carisma de Goldblum: no son solo actuaciones musicales, sino eventos escénicos donde el piano es el centro, pero no el único foco.

En paralelo, su figura pública como actor ha seguido creciendo con los años, pero sin desplazar su actividad musical. De hecho, en la última década su presencia en el circuito jazzístico se ha consolidado con giras regulares y actuaciones en festivales internacionales, reforzando su posición como músico activo y no como celebridad ocasional sobre el escenario.

Su llegada a Noches del Botánico encaja en esa trayectoria. No se trata de una aparición puntual ni de un cameo, sino de una cita musical dentro de una agenda estable de conciertos.

Ese directo pausado y de proximidad que propone Goldblum, más centrado en la atmósfera colectiva que en el despliegue técnico, sintoniza de manera natural con la filosofía de un festival que invita a sentir la música a otro ritmo. No es extraño, por tanto, que el recinto potencie esa misma búsqueda de la pausa a través de espacios como la zona Momentos Alhambra. Concebido como un punto de encuentro con actividad propia, este rincón está especialmente ideado para que el público pueda hacer un paréntesis antes y después de los conciertos, asimilar lo sucedido cada noche y dejarse llevar por un ambiente amable y relajado.

Zona Momentos Alhambra.

En este espacio la experiencia no se interrumpe, se transforma para rescatar precisamente ese espíritu de comunidad que Goldblum persigue en sus jam sessions. A través de un formato más íntimo, en su escenario paralelo convivirán de forma orgánica sesiones musicales y propuestas en directo de artistas y DJs. Una extensión natural de las veladas que, tras nueve ediciones de complicidad, se ha consolidado como parte esencial de su identidad.

Es precisamente la convivencia entre las grandes citas del escenario principal y la programación íntima de este rincón lo que define el espíritu del festival: una invitación a olvidar la prisa, fluir con la música al aire libre y disfrutar de las noches de verano en este oasis urbano.

IMÁGENES | UNSPLASH | Gage Skidmore from Peoria, AZ, United States of America, CC BY-SA 2.0 , via Wikimedia Commons

Compartir


Disfruta mensualmente de todos nuestros contenidos

Suscríbete