Algunos la conocen como frigia o andalusí, aunque casi todo el mundo la llama cadencia andaluza. Se trata de una progresión descendente de cuatro acordes: la menor, sol mayor, fa mayor y mi mayor.
Por Amplificador Lovemonk
Tiene más de 500 años de vida, todos la identificamos al instante como ‘ese sonido flamenco’ y nos cuesta retener un ‘olé’ después de escuchar su cuarto armónico. Johann Sebastian Bach la utilizó en su célebre ‘Chaconne Partita nº2’, demostrando que fluyó desde la España renacentista hasta los grandes clásicos. Pero es que también está presente en temas de Falla, Albéniz, The Supremes, Queen, Bonnie Tyler o Guns’n’Roses. ¿Qué clase de magia es esta?
La secuencia hunde sus raíces en la música del renacimiento y, según numerosos estudios musicales, con los siglos se ha convertido en “una de las sonoridades más efectivas de la música occidental”. A pesar de que la denominación ‘cadencia’ pueda sugerirnos la idea de un remate, en la práctica casi nunca funciona como cierre de una canción. Más bien actúa como un ostinato, un patrón repetido sobre el que se construye buena parte del folclore andaluz.
La cadencia frigia impregna la música tradicional del sur. Está presente en infinidad de cantes flamencos y aparece en más de una cuarta parte de todas las nanas andaluzas catalogadas. Aunque no seamos conscientes de ello, su fórmula reactiva en nuestro oído ese recuerdo sonoro inconfundible. Es como la ‘huella armónica’ de la guitarra española tradicional, un puente musical que trasciende géneros y épocas.

Esta pauta armónica ha atravesado fronteras con una facilidad asombrosa. A lo largo de la historia se ha filtrado en distintas corrientes: del barroco pasó al flamenco y de allí saltó al tango y a las baladas populares para, finalmente, zambullirse en el rock, soul y en el pop. ¿Y por qué? Básicamente porque los inventores de melodías de todas las épocas se sienten atraídos por una progresión que reúne todo lo que buscan: resulta inspiradora, exótica y pegadiza.
Si atendemos a la teoría modal se define como una variante del modo frigio, pero como preferimos expresarnos en términos sencillos se trata simplemente de ir ‘hacia abajo’ tocando los grados I–VII–VI–V en tono menor. En el flamenco clásico la cadencia aún se utiliza como un soporte básico. Una espina dorsal sobre la cual se van sobreponiendo las diferentes melodías.

Aparece en un 27,4% de todas las nanas tradicionales andaluzas y, en el flamenco del siglo XX, sus ecos resuenan una y otra vez: canciones emblemáticas de Camarón de la Isla y de Paco de Lucía la emplean de forma casi literal, adaptándola a palos como la soleá o la bulería.
En su álbum ‘La Leyenda del Tiempo’ (1979), Camarón recurrió a la cadencia andaluza para fusionar flamenco con rock y pop en un derroche de innovación. Paco de Lucía, por su parte, la aplicó de forma magistral en los tientos que conforman el arranque de ‘Llanto a Cádiz’ y en la estructura de ‘Cepa Andaluza’.
La progresión está presente en muchos clásicos internacionales. La descubrimos agazapada, por ejemplo, en el armazón de ‘Hit the Road Jack’ (1961) de Ray Charles; en la melodía principal de ‘California Dreamin’ (1966) de The Mamas & the Papas; en el himno rockabilly ‘Stray Cat Strut’ (1981) de Stray Cats; en el patrón armónico de ‘Love Child’ (1968) de Diana Ross & The Supremes; en ‘Ticket to the Moon’ (1981) de la ELO; en ‘Holding Out for a Hero’ (1983) de Bonnie Tyler; en ‘14 Years’ (1991) de Guns’n’Roses (curiosamente una de las únicas cuatro canciones del grupo cantadas por Izzy Stradlin), y en dos himnos de Queen: la intro de ‘Innuendo’ (1991) y el coro de ‘Love of My Life’ (1975).

Si eliminamos el último acorde y nos quedamos únicamente con el bucle i-VII-VI, lo que equivale a una cadencia andaluza truncada, detectamos su presencia en los solos de guitarra de ‘Stairway to Heaven’ de Led Zeppelin, ‘Comfortably Numb’ de Pink Floyd, ‘All Along the Watchtower’ de Jimi Hendrix, ‘Sultans of Swing’ de Dire Straits, ‘While My Guitar Gently Weeps’ de The Beatles... Cada artista la adapta a su manera, pero la secuencia básica les delata.
Al margen del flamenco ortodoxo, en España encontramos múltiples huellas de su existencia. Por citar sólo algunos ejemplos, vemos que C. Tangana coqueteó con su magia en ‘Tú Me Dejaste de Querer’, que Estopa la utilizó en sus clásicos ‘El Del Medio de Los Chichos’ o ‘La Raja de tu Falda’, y que Los Planetas la han venido usando regularmente desde ‘Una Ópera Egipcia’ (2010).

En definitiva, la cadencia andaluza es un puente: conecta a cantaores clásicos con estrellas globales y a los trovadores renacentistas con las pistas de baile contemporáneas. Desde el sur de España hasta el último rincón del planeta, pasando por diferentes géneros musicales y épocas, su influencia es un recordatorio de que la música viaja con las mismas raíces en el alma. En ocasiones le basta con cambiar de traje.
IMÁGENES | UNSPLASH
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