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Los Mi.MU Gloves convierten tus manos en un instrumento musical Los Mi.MU Gloves convierten tus manos en un instrumento musical

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Los Mi.MU Gloves convierten tus manos en un instrumento musical

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Ni botones, ni cuerdas, ni teclas: el futuro de la música en vivo ha comenzado a escribirse con la punta de los dedos.

Por Amplificador Lovemonk

El reciente éxito de los Mi.MU gloves en el Barbican Centre de Londres como pieza central de 'The Future is Sound', un innovador ciclo de experiencias inmersivas donde la tecnología sonora y el arte digital se fusionan, nos anuncia que la interpretación gestual es uno de los grandes desafíos de la vanguardia digital.

Si bien grandes estrellas como Ariana Grande los han integrado en sus giras para elevar su capacidad de interactuación durante los espectáculos, estos guantes alcanzaron en 2025 una precisión tecnológica que va mucho más allá del simple show. Artistas como Chagall, productora e intérprete de música electrónica, han demostrado que es posible moldear sintetizadores y capturar voces con un simple giro de muñeca o un movimiento de los dedos, manipulando el sonido como si fuera materia física. No hablamos de un experimento visual sino de la liberación definitiva del artista sobre el escenario, convirtiendo el movimiento humano en el único instrumento visible.

Un artista crea una estela de luz con sus manos.

A diferencia de los controladores digitales tradicionales, los Mi.MU no dependen de la presión de teclas, sino de la posición y la intención del cuerpo. Su secreto reside en una red de sensores que recorren los dedos y la palma, midiendo con exactitud la flexión de cada articulación. La información que recogen se cruza con una unidad de medición inercial (IMU) de última generación, que detecta la orientación y aceleración de la mano en el espacio.

Pero el verdadero cerebro de la operación es Glover, el software que traduce esos movimientos en lenguaje musical. Gracias a él, los artistas pueden asignar funciones específicas a cada gesto: cerrar el puño para aplicar un filtro de distorsión, abrir la palma para disparar una reverberación infinita o señalar al techo para subir la intensidad de las luces y el volumen simultáneamente. Glover actúa como un cerebro inteligente que traduce la danza de las manos en comandos que cualquier estación de trabajo de audio digital, como Ableton Live o Logic Pro, puede entender.

La génesis de los guantes Mi.MU se remonta a 2010, impulsada por una profunda frustración artística de la cantautora británica Imogen Heap. Reconocida por su enfoque innovador en la producción electrónica, sentía que su presencia en el escenario se veía lastrada por la necesidad de interactuar constantemente con equipos estáticos. La imagen de un músico escondido tras la tapa de un ordenador portátil, moviendo un ratón o girando mandos de forma casi imperceptible para el público le resultaba distante y carente de la conexión física que deseaba.

Una mano extendida bajo luz roja.

Heap siempre ha sido una ‘hechicera’ del sonido, una artista que entiende que la tecnología no debe ser un obstáculo sino una extensión del pensamiento, el sentimiento y el movimiento. Su meta consistía en convertir el cuerpo en un instrumento. Imaginaba una herramienta que capturase la voz, disparase samples y manipulara efectos mediante gestos que pudieran ser ejecutados como una coreografía. Para hacer realidad su sueño reunió un equipo interdisciplinar compuesto por expertos en computación, ingenieros de sonido, diseñadores textiles y desarrolladores de software, bajo el lema de crear herramientas "diseñadas por músicos para músicos".

El desarrollo inicial tuvo lugar en el estudio de Heap. Los prototipos evolucionaron a través de un proceso de ensayo y error extremadamente riguroso. Una figura clave en este proceso fue el Dr. Tom Mitchell, experto en música computacional de la University of the West of England, quien aportó la base técnica necesaria para traducir los datos de los sensores en música. Los primeros modelos eran dispositivos cableados, experimentales y estéticamente rudimentarios, pero permitieron probar el concepto fundamental: el mapeo de la aceleración y la flexión de los dedos a protocolos MIDI y OSC (Open Sound Control).

A diferencia de los controladores tradicionales que ofrecen una respuesta lineal y limitada, los guantes capturan la micro-expresividad de la mano humana a través de una red de sensores de alta precisión. Cada uno de ellos integra ocho detectores de flexión que miden el grado de curvatura de los dedos. El pulgar y el meñique cuentan con un sensor cada uno, mientras que los dedos índice, medio y anular disponen de dos: uno proximal, cerca del nudillo principal, y otro distal cerca de la punta del dedo. Esta disposición permite al sistema identificar con una resolución asombrosa si un dedo está completamente estirado, semicurvado o cerrado en un puño.

Una mujer usa un guante tecnológico.

Una de las características más espectaculares de Glover es el uso de algoritmos de machine learning para el reconocimiento de posturas. El software permite entrenar hasta nueve posturas diferentes por sesión, como puño, palma abierta, dedo señalando o pinza. Este enfoque es radicalmente distinto al de un controlador estándar; en lugar de que el músico se adapte a una máquina, la máquina aprende la anatomía y los hábitos de movimiento únicos del intérprete.

El proceso de entrenamiento es intuitivo: el usuario realiza una postura y ‘enseña’ al software lo que quiere hacer con esa posición. Glover utiliza estos datos para crear un modelo que reconocerá ese gesto incluso si se realiza con ligeras variaciones durante una actuación intensa. El sistema puede incluso configurarse para que, por ejemplo, los movimientos sólo se registren una vez si los artistas cierran la mano en un puño. De esa manera se evitan sonidos accidentales al moverse por el escenario.

El universo Mi.MU no termina en los guantes. Se ha creado una suite de herramientas diseñadas para expandir las capacidades sonoras del intérprete, tales como The Jellyfish, Kuiper o Gliss. Estas permiten transformar sonidos y voces pregrabadas en paisajes sonoros, crear armonías etéreas o integrar los sensores del smartphone como un controlador gestual conectado a Glover.

El desafío del dispositivo no sólo ha sido electrónico. También ergonómico, estético y de durabilidad. Rachel Freire, una visionaria diseñadora textil, ha sido la responsable de convertir una maraña de cables y placas de circuito en una prenda que se puede vestir, se siente natural sobre la piel y ofrece altas prestaciones.

Freire enfocó su trabajó bajo el concepto de ‘Second Skin’, buscando materiales transpirables, elásticos y lo suficientemente resistentes para soportar el sudor y el movimiento constante de los conciertos. El diseño final presenta puntas de los dedos y palmas abiertas, una decisión estratégica que permite a los músicos seguir tocando otros instrumentos físicos e incluso interactuar con pantallas táctiles y teclados sin necesidad de quitarse los guantes.

Más allá del impacto mediático de Ariana Grande, los guantes han encontrado su hogar en manos de artistas que han explorado fronteras sonoras y visuales que antes eran simplemente imposibles. La artista holandesa Chagall (Chagall van den Berg) es quizá la usuaria más prolífica y técnicamente experta. Durante sus actuaciones no sólo controla el sonido, también gestiona con sus guantes los complejos visuales que envuelven al público en una experiencia única.

Hombre con un guante tecnológico.

La artista Lula.xyz ha llevado la tecnología Mi.MU a un terreno profundamente humano y narrativo. En su espectáculo I AM, que debutó en el Astrolabe Theatre de Glastonbury 2025, utiliza los guantes para controlar la iluminación, el vídeo y el diseño sonoro de una obra que explora su identidad como inmigrante de primera generación y temas como el racismo sistémico en el sistema de salud. Aquí, el dispositivo es más que un efecto especial. Se transforma en una herramienta de empoderamiento que permite a la artista orquestar su propia historia con un control total sobre cada elemento sensorial del teatro.

Kris Halpin es un músico profesional cuyo mundo se derrumbó cuando una enfermedad neurológica se sumó a la parálisis cerebral que padecía, impidiéndole tocar instrumentos tradicionales como la guitarra o el piano. Al usar los guantes descubrió que podía mapear sus movimientos limitados y transformarlos en sonidos complejos y hermosos. Halpin ha declarado que los guantes le salvaron la vida, permitiéndole volver a los escenarios y realizar giras internacionales con su show ‘The Gloves Are On’.

Mirando hacia el futuro inmediato, el equipo de Mi.MU, en colaboración con universidades como UWE Bristol, está explorando el potencial de los guantes como controladores para entornos de Realidad Virtual (VR) y Realidad Aumentada (AR). La precisión de los sensores de flexión posibilita una interacción con objetos virtuales mucho más natural que los mandos tradicionales.

Los guantes Mi.MU han llegado para recordarnos que la tecnología más avanzada es aquella que se vuelve invisible para dejar que la expresión humana brille por sí misma. Verlos en acción es presenciar el futuro de la interpretación: un futuro donde el único límite para el sonido es el alcance de nuestra imaginación y el movimiento de nuestras propias manos.

IMÁGENES | UNSPLASH



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