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Después del vinilo, llega el ‘revival’ de los casetes y los MP3 Después del vinilo, llega el ‘revival’ de los casetes y los MP3

Es Tendencia - Música

Después del vinilo, llega el ‘revival’ de los casetes y los MP3


Tras el boom del vinilo, otros formatos de reproducción musical que parecían olvidados reaparecen en un mercado dominado por el streaming


Un año más nos encontramos con artículos y vídeos que hablan del regreso del casete. No es un brindis al sol, pero conviene aclarar exactamente qué se entiende por “regreso”. Por un lado, es cierto que las cintas de audio han vuelto a ponerse de moda y que varias popstars de fama mundial, como Taylor Swift, Sabrina Carpenter o Charli XCX, han publicado sus álbumes en este formato. Por otro, hay que especificar que el punto de partida era muy bajo. Así que, spoiler: la música en streaming no está a punto de desaparecer. Aún no.


Del vinilo a la cinta: el inesperado regreso del casete


La compact cassette  fue presentada en 1963 por el ingeniero neerlandés Lou Ottens, de Philips, con la idea de ofrecer un formato pequeño, portátil y accesible. Aquella pequeña caja de plástico transformó la relación con la música porque permitió grabar, copiar y transportar canciones con una libertad inédita hasta entonces. Tras años de olvido, reemplazado antes por el CD y luego por los MP3 y el streaming, asistimos a un regreso del casete como fenómeno de nicho que crece a partir de cifras lo bastante pequeñas como para que los porcentajes parezcan un cohete. 


En el primer trimestre de 2025, por ejemplo, en el Reino Unido las ventas de audio casetes aumentaron un 204% interanual. La cifra impresiona, pero conviene recordar que el punto de partida era muy bajo. De hecho, según la BPI (British Phonographic Industry), en 2024 se vendieron en todo el país poco más de 150.000 unidades: el dato más alto desde 2003, pero todavía muy lejos de los millones que mueve el vinilo.


Aun así, el hecho de que llevemos ya más de una década hablando de supuesto renacimiento del casete muestra que no es solo un capricho pasajero relacionado con el éxito de series retro como Stranger Things. Como ocurre con el vinilo, parte de su fuerza está en lo más básico: la fisicidad. En un mundo donde casi todo lo que escuchamos, y no solo eso, no tiene materia, la cinta es algo tangible y con una estética reconocible. Las personas necesitan un contacto físico y algo que puedan tocar.


¿Por qué los artistas vuelven a lanzar música en cinta?


Así, en el circuito mainstream, el casete funciona sobre todo como objeto y una extensión del merchandising, una manera de ofrecer algo limitado, coleccionable y con valor simbólico. En el circuito independiente, además, tiene otra ventaja competitiva: igual que el CD, es relativamente barato de producir, se envía fácilmente y, vendido por canales directos, puede aportar un margen mayor que el streaming.


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La reivindicación del MP3 y el iPod: escuchar sin distracciones


Por otro lado, el renovado interés por los reproductores MP3 más que con el tema táctil tiene que ver con la nostalgia de una época en la que escuchar música no competía con veinte notificaciones. Ofrece la sensación de recuperar el control sobre nuestras escuchas, sin algoritmos de por medio que decidan cuáles canciones “merecemos” escuchar. De hecho, cuando tienes a tu alcance casi toda la música del mundo (y el “casi” es significativo), elegir pierde de significado y nada se vuelve realmente importante. Todo es flujo, fondo. En ese sentido, tanto el regreso del casete como el de los MP3 representan una forma de volver a elegir activamente y prestar atención.


¿Sonido real o ruido rosa? Qué hay detrás de la calidad de audio


Dicho todo esto, conviene desmontar un falso mito: que el regreso de estos soportes responda a una búsqueda de mayor calidad sonora. De hecho, lo que sí vale para el vinilo (siempre y cuando se asocie al soporte también un equipo de reproducción de buen nivel) no vale para las cintas ni para los archivos digitales. En términos técnicos, el casete tiene límites evidentes: graves débiles por debajo de ciertos rangos, agudos que se apagan.


A eso se suma el ruido mecánico de la cinta que avanza, un inconveniente que se mitigó con sistemas como el Dolby Noise Reduction, que ya no forma parte del estándar contemporáneo. Y luego está el desgaste físico: el soporte se consume con cada reproducción, hasta el punto de deformar el sonido o romperse. ¿Quién de más de 40 años no tuvo que sacar la cinta doblada para ponerla en su sitio ayudándose con un bolígrafo? El MP3, por su parte, nació como solución práctica, no como promesa audiófila; más bien al revés.


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El encanto de la imperfección analógica


Lo interesante es que, incluso con estas limitaciones, ambos formatos vuelvan a atraer. El casete, en particular, tiene una cualidad que el streaming, por diseño, intenta borrar: su humanidad. Es un formato aproximativo y está sujeto al tiempo. Pero justo ahí está su encanto.


Además, el casete introduce una fricción que cambia la relación con lo que se escucha. Para encontrar una canción hay que buscarla moviendo engranajes. Para hacer un mixtape no basta arrastrar títulos: hay que grabar, esperar y escuchar. El espacio es limitado y, por eso mismo, es más valioso. Una cinta con nuestra mejor selección puede ser un regalo para amigos o amores de una manera que una playlist difícilmente iguala. Porque es personal y, de alguna manera, manual.


El regreso del casete y el retorno del MP3 no responden a una sola causa ni a un solo perfil. Hay nostalgia, claro, pero también hay fatiga del streaming, cansancio del “todo disponible” y del consumo automático. Se aprecia un renovado deseo de control, de archivo propio, de música como objeto personal y como espacio sin interrupciones.


Elegir el formato también es elegir el tipo de relación que queremos mantener con la música. Igual que el vinilo volvió como experiencia y no solo como sonido, la cinta y los reproductores MP3 vuelven como práctica que puede crear conexión. Además, en un mundo que lo hace todo fácil, de vez en cuando apetece que algo cueste un poco más.


Imágenes I Unsplash

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