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Una pequeña historia de discos perdidos Una pequeña historia de discos perdidos

Música

Una pequeña historia de discos perdidos

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Neil Young y Carrie Snodgress se enamoraron en 1970. Todo comenzó cuando la estrella del rock vio a la joven promesa de Hollywood en la película ‘Diario de una esposa desesperada’, interpretación por la que obtuvo una nominación a los Óscar, y se dijo a sí mismo que tenía que conocerla.

Por Cervezas Alhambra

Se las arregló para dejarle una nota en el teatro en el que actuaba, un papel que decía “Call Neil Young”. Ella, que no tenía ni idea de quién era, le llamó por teléfono. En cuestión de semanas estaban compartiendo techo en el rancho californiano propiedad del cantante y declaraban su amor a los cuatro vientos. En 1972 nació su hijo, Zeke Young, aquejado de una leve parálisis cerebral, y poco a poco la relación entre ambos se fue degradando. La propia actriz recordaba cómo Young comenzó a ausentarse y a salir de fiesta por Los Ángeles hasta que en 1975 sobrevino la ruptura. Posteriormente llegaría la demanda de Snodgress por la manutención que el artista accedía a pagar pero que asumía de forma errática, y el consecuente distanciamiento definitivo. Por aquellas fechas, el cantante tenía previsto lanzar un disco, ‘Homegrown’, pero el dolor resultaba terriblemente intenso, excesivamente reciente. “Era demasiado personal, me asustó”. Young metió las canciones en un cajón y supuso que algún día las recuperaría.

Decidió que el 19 de junio de 2020, 46 años después de todo aquello, iba a ser la fecha idónea para volver a abrir aquél cajón y compartir aquellos temas con el resto del mundo, conservando el título original. Un álbum de 12 canciones, totalmente restauradas y remasterizadas, con cortes tan descriptivos como ‘Separate Ways’, en el que relata la ruptura de una pareja y habla sobre el hijo que nació de la alegría que ambos compartían. El resto de los títulos que completan el tracklist son ‘Vacancy’, ‘Homegrown’, ‘We don’t smoke it no more’, ‘Mexico’, ‘Star of Bethlehem’, ‘Try’, ‘Love is a rose’, ‘Florida’, ‘White Line’, ‘Little Wing’ y ‘Kansas’. Temas cuyas letras “hablan sobre el amor perdido” dentro de un disco que “narra la angustia del corazón”. En opinión de Young, ‘Homegrown’ es el eslabón perdido entre ‘Harvest’ y ‘Comes a time’, un álbum eminentemente acústico y lleno de ecos rurales. Un trabajo que, con el paso del tiempo, ha dejado de doler lo suficiente como para ver la luz.


En el caso de ‘First Rays of the New Rising Sun’, el que debía ser el cuarto álbum de estudio de Jimi Hendrix tras ‘Electric Ladyland’ (1968), la fatalidad se cruzó en el camino de su publicación. La idea inicial consistía en lanzar un disco doble, o incluso triple, para las navidades de 1970. Entre los meses de junio y agosto de aquél año, Jimi había hecho grandes progresos. Tenía varios temas mezclados y contaba con cuatro versiones definitivas que habían sido presentadas en la fiesta inaugural de sus Electric Lady Studios, el 26 de agosto. Pero el 18 de septiembre de aquél año Hendrix murió, dejando ingentes cantidades de material en diferentes fases de desarrollo y muy pocas indicaciones sobre qué hacer con todo aquello o acerca de la configuración del disco que tenía en mente. Seis de los cortes estaban pendientes de un leve toque final, mientras que otros únicamente estaban esbozados. El ingeniero de sonido Eddie Kramer y el batería Mitch Mitchell, colaboradores habituales del artista, seleccionaron las 17 pistas que consideraron más adecuadas para completar la obra, las redondearon e incluyeron en los álbumes ‘The Cry of Love’, ‘Rainbow Bridge’ y ‘War Heroes’. Entre 1970 y 1990, los temas se incorporaron a diferentes recopilatorios póstumos supervisados por el productor Alan Douglas y en 1995 se llevó a cabo un nuevo intento por recrear lo que hubiera sido aquél anhelado cuarto disco con ‘Voodoo Soup’. Finalmente, en 1997, se publicó el hasta ahora considerado proyecto definitivo de reconstrucción del espíritu original: ‘First Rays of the New Rising Sun’. 70 minutos de música divididos en 17 cortes y ordenados en forma de disco doble.

La historia del ‘Black Album’ de Prince, originalmente destinado a ser publicado en 1987, es la crónica de un arrepentimiento. Cansado de quienes criticaban su distanciamiento de la música negra, el genio de Minneapolis resolvió epatar al mundo con el álbum más funk que nadie hubiera conocido. Prince bautizó aquella obra como ‘The Funk Bible’ y llenó el disco de canciones que exudaban riesgo, lascivia y sarcasmo. El plan iba sobre ruedas. Se habían imprimido miles de copias y diversos medios especializados europeos disponían de un centenar de ejemplares de promoción para elaborar sus críticas, pero de repente todo se vino abajo. El artista tuvo una revelación espiritual, presuntamente relacionada con el consumo de alguna sustancia o con sus creencias religiosas, y se negó a lanzar el disco. Aludió crípticamente a “una noche negra del alma” y sintió que el disco era demasiado negativo, que no transmitía el mensaje que quería difundir. En pocas palabras, lo odiaba y lo consideraba una “obra del mal”, así que ordenó destruir todas las copias. Su reacción no consiguió detener la propagación fraudulenta y cientos de copias ilegales inundaron el mercado para consternación de Prince. De hecho, hoy en día sigue siendo considerado el disco más pirateado de la historia. Finalmente, mientras el artista negociaba cómo cortar los lazos con la discográfica Warner, el álbum, presuntamente el cénit de su vis funk, vio la luz en 1994 bajo el título de ‘The Legendary Black Album’ y un tracklist de 8 temas. Aunque continuó sintiéndose “espiritualmente en contra” del mismo, Prince pudo consolarse gracias al millón de dólares que ingresó por el lanzamiento.

discos de vinilo

El álbum ‘Smile’ también se perdió, pero en la mente de Brian Wilson. Debía ser el disco que continuara, en 1967, la carrera de The Beach Boys tras el lanzamiento de ‘Pet Sounds’, un álbum denostado en su momento y actualmente considerado uno de los mejores de la historia de la música. Todo salió mal. Wilson imaginó ‘Smile’ como una obra conceptual completa, una sinfonía adolescente dedicada a Dios. ‘Good Vibrations’ y su estructura, conformada a partir de pequeños fragmentos musicales, era la referencia a seguir. Él pondría la música, Van Dyke Parks las letras y la conjunción de sus genios daría como resultado el sonido definitivo de la década. Pero tras 10 meses de intenso trabajo, según la leyenda, el líder de los Beach Boys escuchó en la radio ‘Strawberry Fields Forever’, de The Beatles, y se vino abajo. Iba conduciendo su coche y la emoción le obligó a detenerse. Los de Liverpool se le habían adelantado, habían dado con la clave antes que él. Aquello, sumado a la presión de crear hits sin parar, al consumo descontrolado de estupefacientes y al lastre de los traumas infantiles, le sumió en una depresión. Mike Love se hizo con las riendas del grupo y le arrebató el control creativo. Love continuó desarrollando versiones más reducidas de algunas de las canciones, con producciones alternativas y arreglos diferentes. La idea del álbum conceptual, simplemente voló por los aires y el proyecto quedó abandonado, aunque no definitivamente. Cuando se retomó, con un Wilson repuesto emocionalmente, se realizaron dos versiones. En 2004, Wilson regrabó y publicó el material como solista bajo el título ‘Brian Wilson presents Smile’. Siete años después, en octubre de 2011, The Beach Boys lanzaron el definitivo ‘The Smile sessions’, una recreación aún más fiel de lo que hubiera sido el álbum perdido original.

Pero regresemos unos años atrás en el tiempo, hasta 1956, para dar con el último de los grandes discos perdidos. El 4 de diciembre de aquél año, los astros de la música se alinearon y quisieron que Elvis Presley, Johny Cash, Jerry Lee Lewis y Carl Perkins coincidieran en la misma ubicación espacio-temporal: el Sun Records Studio de Memphis, Tennessee. Un acontecimiento que dio lugar, sin pretenderlo, al primer supergrupo de la historia. El mito cuenta que Perkins había acudido al estudio junto a sus hermanos Clayton y Jay, y al batería W.S. Holland, para grabar una versión de ‘Matchbox’, un clásico del blues. La idea era continuar con la racha de éxitos iniciada por ‘Blue Suede Shoes’, un tema cuyo origen, curiosamente, había partido de una conversación con Johny Cash. Sam Phillips, propietario de Sun Records, había contratado a un pianista aún no demasiado conocido fuera de Memphis, un tal Jerry Lee Lewis, para la sesión. Elvis, que había dejado Sun Records para fichar por RCA, se pasó por el local acompañado de su amiga Marilyn Evans para visitar a su antiguo jefe y, mientras charlaba con Phillips, escuchó lo que se estaba cociendo en el estudio. En aquél momento era el único de ellos considerado una superestrella, pero no pudo evitar apuntarse e iniciar una jam sesión. La entrada en escena de Cash varía según las fuentes. Él aseguraba en su autobiografía haber llegado al local antes que Elvis, aunque el relato oficial sostiene que llegó el último. En cualquier caso, se sumó al combo y todos juntos se arrancaron con diferentes improvisaciones de temas gospel y country. Jack Clement, empleado de la Sun y descubridor de Jerry Lee Lewis, no dejó pasar la oportunidad y registró la sesión completa. Phillips, por su parte, presintió que aquello le podía reportar publicidad y llamó a un periódico local, el Memphis Press-Scimitar, que envió a un redactor y a un fotógrafo. Al día siguiente, el diario publicó un artículo titulado “The million dollar quartet”, ilustrado con la mítica fotografía de los cuatro músicos en torno a un piano.


En total, se grabaron 47 cortes. Sorprendentemente, las cintas se guardaron y su existencia no se dio a conocer hasta 1981, cuando se publicaron algunas canciones sueltas. En 2006, coincidiendo con el 50 aniversario de la reunión, se publicó un disco que contenía todos los audios originales bajo el título ‘The Complete Million Dollar Quartet”.


Imágenes | Photo by Mick HauptValentino Funghi on Unsplash 

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