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El blues, el rock y el jazzque le dan ritmo al espacio El blues, el rock y el jazzque le dan ritmo al espacio

Música

El blues, el rock y el jazzque le dan ritmo al espacio

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5 de septiembre de 1977, Cabo Cañaveral. La NASA está a punto de lanzar al espacio la sonda espacial Voyager I. Su misión, estudiar el Sistema Solar Exterior y enviar fotografías a la Tierra.

Por Cervezas Alhambra

Todo salió a la perfección y el 20 de agosto de 1977 una segunda sonda, la Voyager II, siguió los pasos de su hermana mayor. Por iniciativa del célebre astrónomo Carl Sagan, además del consabido equipamiento científico las dos naves partieron portando, cada una, un disco de oro con una selección de grabaciones de una hora y media de duración. Saludos en 56 idiomas, imágenes, sonidos característicos de diferentes lugares de la Tierra y, evidentemente, música. La idea consistía en que si los ingenios espaciales entraban en contacto con alguna civilización, les ofreciera información acerca de los seres humanos. Tarjetas de visita interestelares impresas en dos discos conocidos como los Voyager Golden Records.

La selección musical realizada por los responsables de la agencia espacial resultó de lo más ecléctica, ya que el criterio seguido consistió en ponerse en el lugar de los hipotéticos extraterrestres. ¿Qué sucedería si no sabían qué era la música o no eran capaces de escucharla? Con estas preguntas rondándoles la cabeza, escogieron sonidos característicos de culturas variadas y clásicos simétricos que les ofrecieran la posibilidad de encontrar patrones.

Así, la grabación final integró temas como El Concierto de Brandemburgo número dos en fa mayor, la Quinta Sinfonía de Beethoven, La Consagración de la Primavera de Stravinsky, El Clavecín Bien Temperado de Bach, folclore tradicional de lugares como Indonesia, Senegal, Zaire, Australia, México, Nueva Guinea, Bulgaria, Perú, China, India o Islas Salomón, música renacentista británica, coros de Georgia, los cantos nocturnos de los indios navajos, sonidos clásicos de Japón, un aria de La Flauta Mágica de Mozart, Sonatas y Partitas para violín solo, la Cavatina del Cuarteto de Cuerdas número 13 en sí bemol… Y tres piezas algo más contemporáneas. ‘Johnny B. Goode’, de Chuck Berry, ‘Melancholy Blues’ interpretada por Louis Armstrong, y ‘Dark Was The Night, Cold Was The Ground’, de Blind Willie Johnson. Carl Sagan solicitó expresamente que se incluyera ‘Here Comes The Sun’, del álbum Abbey Road de The Beatles, y la banda dio su aprobación, pero la discográfica EMI, propietaria de los derechos del tema en aquel momento, reclamó una cifra astronómica y no se llegó a sumar.


En 1977, ‘Johnny B. Goode’, de Chuck Berry, aún representaba a una parte de los adolescentes norteamericanos y Carl Sagan quiso que aquellos discos también contuvieran cierta chispa juvenil. En la canción, Berry hablaba de sí mismo y de su historia personal como músico, aunque cambiando ciertos detalles. Johnny, nombre elegido en honor de Johnnie Johnson, un pianista que colaboró con Chuck en temas como ‘Maybellene’ o ‘Roll Over Beethoven’, era, según la canción, originario de Louisiana, mientras que Berry había nacido en St. Louis. Además, el protagonista no sabía leer ni escribir, cuando el músico contaba con una licenciatura en peluquería y cosmetología. Por último, el guitarrista tomó el apellido Goode de su lugar de residencia en St. Louis, el 2520 de Goode Avenue.

Johnny B. Goode es una de las canciones de rock and roll más conocidas y versionadas de la historia. Dion, Buck Owens, Peter Tosh, Johnny Winter, The Beatles, Jimi Hendrix, Jerry Lee Lewis, The Sex Pistols o The Grateful Dead, son algunos de los nombres ilustres que se la han llevado a su terreno y, por supuesto, todo el mundo conoce el cover que realizó Michael J. Fox en la primera entrega de ‘Regreso Al Futuro’. En realidad, el actor se limitó a interpretar, ya que la voz que se registró en la película pertenecía a Mark Campbell, miembro de la banda de soul y R&B Jack Mack And The Heart Attack, y quien tocaba la guitarra era el músico Tim May.

Louis Armstrong grabó ‘Melancholy Blues’ junto a su banda, Hot Seven, el 11 de mayo de 1927 en Chicago. El tema, escrito por Marty Bloom y Walter Melrose, incluyó sonidos de trombón, clarinete, piano, bajo, tuba y batería. Pese a su título, se trata de una pieza de jazz en la que Armstrong muestra su evolución desde el sonido clásico de Nueva Orleans hacia arreglos más elaborados y ensayados. El músico despliega todas sus habilidades en esta interpretación, atacando la línea con un ligerísimo retraso que le permite incorporar pequeñas ráfagas de notas intercaladas, efectuando variaciones brillantes o añadiendo fraseos a doble tiempo. La canción, que transita por un camino muy parejo a ‘I Ain’t Got Nobody’, de Spencer Williams, fue seleccionada para formar parte de los Voyager Golden Records pocos años después de la muerte del artista, acaecida en julio de 1971 cuando el trompetista tenía 70 años.



‘Dark Was The Night, Cold Was The Ground’, de Blind Willie Johnson, es una desgarradora canción que forma parte de la memoria colectiva de los estadounidenses. A diferencia de otros intérpretes ‘blind’ de blues, Blind Willie Johnson era ciego en el sentido literal. En cierta ocasión, la segunda mujer del bluesman, Angeline Johnson, contó que el pequeño Willie perdió la visión cuando sólo contaba siete años después de que le cayera lejía en los ojos. Pese a todo, el niño se mantuvo firme en la convicción de que estaba destinado a ser predicador y a cantar gospel blues, actividad que desarrolló durante el resto de su vida.

Aunque nunca llegó a conocer la fama y vivió siempre en la pobreza, el azar quiso que una de las unidades de campo desplegadas por la discográfica Columbia por el país para capturar el sonido de los músicos callejeros se cruzara en su camino en 1927. Realizó varias sesiones de grabación entre 1927 y 1930, cobrando entre 25 y 30 dólares por cada canción. ‘Dark Was The Night’, que toma prestada su estructura del himno inglés del siglo XVIII ‘Getsemani’, se incluyó en aquella selección y es considerada su obra maestra.

Tres temas ya eternos que viajan por el universo a bordo de sondas espaciales y que pueden ayudar a quien las encuentre a conocer un poco mejor la forma de pensar del ser humano. Tal vez, en el futuro, el primer contacto que registremos con una civilización desconocida se produzca a ritmo de rock and roll, blues o jazz…




5 de septiembre de 1977, Cabo Cañaveral. La NASA está a punto de lanzar al espacio la sonda espacial Voyager I. Su misión, estudiar el Sistema Solar Exterior y enviar fotografías a la Tierra. Todo salió a la perfección y el 20 de agosto de 1977 una segunda sonda, la Voyager II, siguió los pasos de su hermana mayor. Por iniciativa del célebre astrónomo Carl Sagan, además del consabido equipamiento científico las dos naves partieron portando, cada una, un disco de oro con una selección de grabaciones de una hora y media de duración. Saludos en 56 idiomas, imágenes, sonidos característicos de diferentes lugares de la Tierra y, evidentemente, música. La idea consistía en que si los ingenios espaciales entraban en contacto con alguna civilización, les ofreciera información acerca de los seres humanos. Tarjetas de visita interestelares impresas en dos discos conocidos como los Voyager Golden Records.

La selección musical realizada por los responsables de la agencia espacial resultó de lo más ecléctica, ya que el criterio seguido consistió en ponerse en el lugar de los hipotéticos extraterrestres. ¿Qué sucedería si no sabían qué era la música o no eran capaces de escucharla? Con estas preguntas rondándoles la cabeza, escogieron sonidos característicos de culturas variadas y clásicos simétricos que les ofrecieran la posibilidad de encontrar patrones.

Así, la grabación final integró temas como El Concierto de Brandemburgo número dos en fa mayor, la Quinta Sinfonía de Beethoven, La Consagración de la Primavera de Stravinsky, El Clavecín Bien Temperado de Bach, folclore tradicional de lugares como Indonesia, Senegal, Zaire, Australia, México, Nueva Guinea, Bulgaria, Perú, China, India o Islas Salomón, música renacentista británica, coros de Georgia, los cantos nocturnos de los indios navajos, sonidos clásicos de Japón, un aria de La Flauta Mágica de Mozart, Sonatas y Partitas para violín solo, la Cavatina del Cuarteto de Cuerdas número 13 en sí bemol… Y tres piezas algo más contemporáneas. ‘Johnny B. Goode’, de Chuck Berry, ‘Melancholy Blues’ interpretada por Louis Armstrong, y ‘Dark Was The Night, Cold Was The Ground’, de Blind Willie Johnson. Carl Sagan solicitó expresamente que se incluyera ‘Here Comes The Sun’, del álbum Abbey Road de The Beatles, y la banda dio su aprobación, pero la discográfica EMI, propietaria de los derechos del tema en aquel momento, reclamó una cifra astronómica y no se llegó a sumar.


FOTO 2: Guitarrista de rock and roll tocando una guitarra por la espalda.

En 1977, ‘Johnny B. Goode’, de Chuck Berry, aún representaba a una parte de los adolescentes norteamericanos y Carl Sagan quiso que aquellos discos también contuvieran cierta chispa juvenil. En la canción, Berry hablaba de sí mismo y de su historia personal como músico, aunque cambiando ciertos detalles. Johnny, nombre elegido en honor de Johnnie Johnson, un pianista que colaboró con Chuck en temas como ‘Maybellene’ o ‘Roll Over Beethoven’, era, según la canción, originario de Louisiana, mientras que Berry había nacido en St. Louis. Además, el protagonista no sabía leer ni escribir, cuando el músico contaba con una licenciatura en peluquería y cosmetología. Por último, el guitarrista tomó el apellido Goode de su lugar de residencia en St. Louis, el 2520 de Goode Avenue.

Johnny B. Goode es una de las canciones de rock and roll más conocidas y versionadas de la historia. Dion, Buck Owens, Peter Tosh, Johnny Winter, The Beatles, Jimi Hendrix, Jerry Lee Lewis, The Sex Pistols o The Grateful Dead, son algunos de los nombres ilustres que se la han llevado a su terreno y, por supuesto, todo el mundo conoce el cover que realizó Michael J. Fox en la primera entrega de ‘Regreso Al Futuro’. En realidad, el actor se limitó a interpretar, ya que la voz que se registró en la película pertenecía a Mark Campbell, miembro de la banda de soul y R&B Jack Mack And The Heart Attack, y quien tocaba la guitarra era el músico Tim May.

Louis Armstrong grabó ‘Melancholy Blues’ junto a su banda, Hot Seven, el 11 de mayo de 1927 en Chicago. El tema, escrito por Marty Bloom y Walter Melrose, incluyó sonidos de trombón, clarinete, piano, bajo, tuba y batería. Pese a su título, se trata de una pieza de jazz en la que Armstrong muestra su evolución desde el sonido clásico de Nueva Orleans hacia arreglos más elaborados y ensayados. El músico despliega todas sus habilidades en esta interpretación, atacando la línea con un ligerísimo retraso que le permite incorporar pequeñas ráfagas de notas intercaladas, efectuando variaciones brillantes o añadiendo fraseos a doble tiempo. La canción, que transita por un camino muy parejo a ‘I Ain’t Got Nobody’, de Spencer Williams, fue seleccionada para formar parte de los Voyager Golden Records pocos años después de la muerte del artista, acaecida en julio de 1971 cuando el trompetista tenía 70 años.


FOTO 3: La trompeta es uno de los instrumentos característicos del jazz clásico.


‘Dark Was The Night, Cold Was The Ground’, de Blind Willie Johnson, es una desgarradora canción que forma parte de la memoria colectiva de los estadounidenses. A diferencia de otros intérpretes ‘blind’ de blues, Blind Willie Johnson era ciego en el sentido literal. En cierta ocasión, la segunda mujer del bluesman, Angeline Johnson, contó que el pequeño Willie perdió la visión cuando sólo contaba siete años después de que le cayera lejía en los ojos. Pese a todo, el niño se mantuvo firme en la convicción de que estaba destinado a ser predicador y a cantar gospel blues, actividad que desarrolló durante el resto de su vida.

Aunque nunca llegó a conocer la fama y vivió siempre en la pobreza, el azar quiso que una de las unidades de campo desplegadas por la discográfica Columbia por el país para capturar el sonido de los músicos callejeros se cruzara en su camino en 1927. Realizó varias sesiones de grabación entre 1927 y 1930, cobrando entre 25 y 30 dólares por cada canción. ‘Dark Was The Night’, que toma prestada su estructura del himno inglés del siglo XVIII ‘Getsemani’, se incluyó en aquella selección y es considerada su obra maestra.

Tres temas ya eternos que viajan por el universo a bordo de sondas espaciales y que pueden ayudar a quien las encuentre a conocer un poco mejor la forma de pensar del ser humano. Tal vez, en el futuro, el primer contacto que registremos con una civilización desconocida se produzca a ritmo de rock and roll, blues o jazz…

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