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Adiós al gran tablao de Madrid Adiós al gran tablao de Madrid

Música

Adiós al gran tablao de Madrid

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Noviembre de 2018. Los Planetas y Niño de Elche se encaraman al tablao de Casa Patas, en Madrid, para enfrentarse a uno de los conciertos de su vida. La cita, auspiciada por Momentos Alhambra en Flamenco, llegaba envuelta en ese halo de riesgo que siempre acompaña a los de Granada desde que se alejaron unos pasos del pop distorsionado para abrazar el flamenco.

Por Cervezas Alhambra

El ilicitano también se jugaba lo suyo, porque pese a haber coqueteado previamente con la fusión, de la mano de la banda de rock instrumental Toundra, el encaje de su voz con el proverbial susurro cantado de Jota era de todo menos fácil. Traspasar el umbral del local de la calle Cañizares suponía adentrarse en el universo de los palos tradicionales, advertencia que quedaba meridianamente clara con sólo admirar la simbología que atestaba las paredes. Aquél paso representaba sostener la mirada del centenar y medio corto de asistentes que escudriñarían cada evolución de los granadinos y del ilicitano, atentos a cada gesto, mirada y comentario. 


Casa Patas era uno de los principales templos del flamenco en Madrid, si no el mayor, y lo que sucedió aquella tarde perdurará en el tiempo. La entrega, la intuición, el derroche de sentimiento y una puesta en escena trabajada de menos a más, dejaron paso a un estallido final de los que dejan regusto a jornada épica. No estuvo, el evento, exento de altibajos, aunque éstos sirvieron para redondear el resultado final y exprimir con emoción la certeza de que no se había jugado sobre seguro, que se habían explorado los límites de lo incierto. La energía liberada sobre la tarima acabaría sustanciándose en un proyecto más ambicioso y estable entre Los Planetas y Niño de Elche, denominado ‘Fuerza Nueva’

Aquellos sentimientos no volverán a repetirse, al menos en Casa Patas. El icónico tablao ha caído víctima, otra más, de la pandemia que asola nuestros días y no levantará su persiana. La institución mantiene activa, eso sí, su vertiente académica, esa que seguirá formando generaciones del flamenco en la ciudad. Responsables, quizás, de prender la llama de un nuevo tablao madrileño que mitigue la actual sensación de orfandad.

Las búsquedas de Google revelan un “cerrado permanentemente” bajo las décimas de segundo que el algoritmo tarda en arrojar los millones de resultados vinculados a Casa Patas. Inaugurada en 1988, la taberna-restaurante y tablao de Lavapiés ofrecía cerca de 300 espectáculos al año de flamenco en formato íntimo, interpretados por más de 100 cuadros, y constituía una de las referencias fundamentales del género en Madrid. Pese al elevado grado de conocimiento de los parroquianos, la programación brillaba por su ausencia de convencionalismos. Las figuras consolidadas alternaban tablas con los artistas emergentes, de manera que el respetable podía disfrutar de la proximidad de referentes de la ortodoxia y al día siguiente relacionarse de tú a tú con las tendencias del futuro.


La nómina de ilustres que han pisado su tarima resulta inabarcable, pero baste citar los nombres de Camarón de la Isla, Paco de Lucía, Niña Pastori, Remedios Amaya, Enrique Morente y sus hijas Estrella y Soleá Morente, José Mercé, Antonio Canales, Joaquín Cortés, Carmen Linares, Sara Baras, Diego el Cigala, Miguel Poveda, Tomatito, Rocío Márquez… También despuntaban sus clientes, como Joaquín Sabina, quien vive muy cerca de allí y frecuentaba el local. 

En 2016, una desconocida Rosalía ofreció en Casa Patas su primera actuación en Madrid. Vendió 30 entradas. Dos años después estaba llenando el Madison Square Garden de Nueva York.

La catalana recordaba su paso por el local como un instante clave de su carrera, tanto por haberle ayudado a desarrollar su espectáculo propio como por la solera e historia de la casa. Cuando la entrevistaron en el verano de 2018, ya elevada a la categoría de estrella internacional, explicaba que, al actuar allí, todo fluía y que nunca había vuelto a sentir la emoción que había experimentado sobre aquél tablao. Aseguraba tener muchas ganas de volver, pero ya no será posible.

La historia de Casa Patas echó a andar en 1984 como taberna y cuatro años más tarde ya empezó a despuntar programando flamenco de forma estable. El local se asentaba en un edificio del siglo XIX, antigua sede de unos juzgados de primera instancia que posteriormente dieron cobijo a las famosas Cristalerías Álvarez. Cuando la familia Guerrero adquirió el inmueble, reformó la planta inferior y la acondicionó inicialmente como establecimiento de hostelería. Al ganarse los galones de tablao, con capacidad para 140 personas, se consagró como epicentro de las nuevas corrientes del flamenco en la capital española.

En 2009, el establecimiento fue distinguido con el premio Enrique Maya, galardón concedido por la Comunidad de Madrid en reconocimiento a su labor de difusión, promoción y desarrollo del arte flamenco, así como por su trabajo de integración del mundo gitano. La labor académica, por suerte, se mantendrá en el piso superior de la finca. La Fundación Conservatorio Casa Patas ha recogido ya el testigo y seguirá adelante con su filosofía y su calendario de clases a cargo de los maestros habituales. Los cursos de baile, de guitarra, de cajón o de piano flamenco continuarán sosteniendo la estructura de esta institución que forma a cientos de alumnos cada año. Aún está por ver qué sucederá con la Sala García Lorca, el espacio que ha acogido gran parte de las actuaciones programadas dentro del ámbito de la Fundación.


Del 9 al 14 de marzo, estaba previsto que Elizer Truco, ‘La Truco’, celebrara una serie completa de espectáculos en Casa Patas. Confirmada como una de las figuras centrales de la escena actual tras haber compartido escenario con Camarón de la Isla, José Mercé, Juan Villar, La Fernanda o Bernarda de Utrera, la bailaora, una de las más aclamadas por Taranto y Soleá, no pudo cerrar el ciclo de interpretaciones. El día 13 de marzo, en cumplimiento de las medidas de seguridad dictadas por el estado de alarma, el local cerró sus puertas. Lo hizo de forma provisional, pero la ausencia continuada de ingresos y la incertidumbre que acompaña al futuro del turismo extranjero, una de sus principales fuentes de ingresos durante las campañas más fuertes del año, lo tornaron en definitivo. El sector teme el efecto dominó que pueda tener este cierre y advierten de que los tablaos de Madrid encaran un corto plazo angustioso, capaz de hacer que sus cimientos se tambaleen si han de lidiar con limitaciones estrictas. Reclaman ayuda para que no se extinga el cante en vivo ni el taconeo, para no verse abocados a la clausura. A su favor, siglos de tradición, la resistencia numantina de otros locales como Cardamomo o el Corral de la Morería y el espíritu de tardes de gloria como aquella en la que Los Planetas y Niño de Elche expusieron, juntos, el flamenco de las cosas. Una llama que no se apagará jamás.

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