A las siete de la mañana, con la mente todavía medio dormida, escuchar música ultra enérgica no suele parecernos la mejor idea, pero unas pocas horas después, ese subidón sonoro es justo lo que nuestro cerebro pide a gritos para no venirse abajo.
Por Alhambra Global
La ciencia tiene una explicación sólida para este tipo de comportamiento: la hora del día, nuestro reloj biológico y hasta la personalidad influyen mucho más de lo que pensamos en la canción que elegimos poner de fondo. Esta forma de comportarnos no sólo viene avalada por diferentes estudios universitarios, también el análisis de miles de millones de reproducciones en Spotify recopiladas y analizadas durante años ha ayudado a cartografiar nuestro día musical con una precisión sorprendente.
Si sabes qué es un test de cronobiología —esas pruebas que miden si eres de los que rinden mejor por la mañana o por la noche— ya tienes medio camino andado. La ciencia ha cruzado nuestros datos biológicos con los diferentes caracteres humanos y ha descubierto patrones muy interesantes. Las personas curiosas y abiertas usan la música para conectar con otros y regular su estado de ánimo. Los más introvertidos, por su parte, la emplean como un salvavidas emocional. Si eres extrovertido, recurres a ritmos para incrementar tu movimiento, no te limitas solo a escuchar. De forma paralela, las personas más organizadas y rigurosas suelen evitar usar la música para gestionar lo que sienten.
Todo depende de cómo dividimos el día. Quienes madrugan suelen preferir sonidos suaves y estructurados. Pop melódico o soft jazz como ‘Don't Know Why’ de Norah Jones, y dedican más tiempo a escuchar este tipo de música durante la mañana y el atardecer. Los noctámbulos, en cambio, centran su consumo musical en las últimas horas del día y se sienten atraídos por sonidos más complejos y con mucha energía, un abanico sonoro que puede ir desde las imponentes sinfonías de Beethoven hasta las magníficas construcciones eléctricas de Led Zeppelin. Contar con relojes biológicos diferentes suele significar disfrutar de bandas sonoras completamente distintas.

El cuerpo humano incorpora un complejo mecanismo interno en el hipotálamo, un centro neurálgico que ajusta la temperatura, la concentración, el hambre y la sed, el sueño y la vigilia o el control hormonal. Al despertar, dispara cortisol para inundarnos de energía. Por la noche, deja que fluya melatonina para prepararnos de cara al sueño reparador. Entre ambos picos, la mayoría experimenta un bajón a media tarde y resulta que la música que elegimos para que nos acompañe a lo largo del día encaja exactamente con ese patrón.
Un equipo de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, ha analizado durante años más de dos mil millones de reproducciones en Spotify para analizar cuándo escuchamos música y qué tipo de canciones elegimos en cada momento. Descubrió que nuestra rutina auditiva es muy lineal: a lo largo de la mañana buscamos canciones positivas y relajadas, y con el paso de las horas subimos ligeramente el volumen, pero manteniendo los ritmos. Con la llegada de la tarde, la música acelera hasta que registra una pausa justo antes del bajón biológico previo al sueño.
Sin embargo, cuando llega el fin de semana, el comportamiento nocturno cambia y la energía musical explota: es el momento de salir, sentir y bailar. La sorpresa llega entre las cuatro y las cinco de la madrugada, cuando la variedad y la energía vuelven a repuntar. A esa hora, los caminos de los trabajadores que inician su jornada se cruzan con los de los madrugadores, los viajeros y los fiesteros rezagados. Cada uno con una elección musical adaptada a su momento vital.

También existen diferencias geográficas. La Universidad de Cornell analizó 765 millones de escuchas en 51 países y descubrió que en América Latina la música suele ser más intensa y enérgica que en Asia. Los jóvenes, en todo el mundo, demandan sonidos más potentes que los adultos. Y lo curioso es que en el hemisferio norte las mujeres prefieren música más suave que los hombres durante la noche, mientras que en el hemisferio sur ocurre justo lo contrario.
Con toda esta información, Spotify lanzó ‘Daylist’ en 2023. una lista inteligente que se actualiza en función de tu reloj biológico y que acumula más de 1.170 millones de horas reproducidas. Su fundador, Daniel Ek, explicó que esta lista lo acompaña con old school hip-hop tranquilo por la mañana, al estilo del clásico ‘Can I Kick It?’ de A Tribe Called Quest, y que alcanza un mood chill tropical, como ‘Sunset’ de Mathieu Koss, con la caída del sol.
El análisis de los streams concluye que los canadienses, por ejemplo, prefieren empezar el día con ambient relajado. Los sudafricanos saltan del piano melódico matutino al rap por la tarde y los holandeses prefieren la música electrónica festiva, coronada por temas de sus compatriotas como ‘Animals’ de Martin Garrix, hasta pasada la medianoche. A partir de estos patrones de comportamiento han nacido playlists con nombres tan específicos como ‘Peaceful Soft Morning Mix’ o ‘late night vibes’.

A pesar de todo, ninguna estadística puede dictar lo que sientes en cada momento, únicamente establece tendencias y patrones. Siempre habrá madrugadores zen que estiren la calma y elijan música pausada durante todo el día y noctámbulos que abracen los sonidos intensos desde que amanece. Nadie está desajustado, simplemente escuchamos la banda sonora que nos marca nuestro reloj interno. Pero la próxima vez que te sorprendas dando ‘play’ a un tema potente un viernes por la tarde, recuerda: no eres sólo tú quien elige, cada momento tiene su propio ritmo musical.
IMÁGENES | UNSPLASH
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