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Música

Flamenco y poesía, una alianza por la libertad

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Hasta que el pueblo las canta las coplas, coplas no son y cuando las canta el pueblo ya nadie sabe su autor» (Manuel Machado)

Por José Manuel Gómez Gufi

El flamenco se ha nutrido durante años de esas coplas presuntamente anónimas que se han ido puliendo de generación en generación. El padre de los Machado, Antonio Machado, y Álvarez ‘Demófilo’ (1848/1892) recopilaron algunas de esas letras populares en la obra ‘Cantes flamencos’, algo que según escribió su hijo Manuel Machado en el preámbulo de la edición de 1946, “le costó la fortuna, la salud y la vida”. ‘Demófilo’ fue el introductor del concepto del “folklore” en España y avisaba que en los versos populares se colaban autores cultos, como expresaba el propio Manuel Machado (1874/1947). El mayor de los hermanos poetas siempre estuvo más pegado a la música popular que su hermano Antonio, quien alcanzó la gloria del ‘hit parade’ a través del disco que hiciera Joan Manuel Serrat en 1969, ‘Dedicado a Antonio Machado, poeta’. La costumbre actual de adaptar a los poetas es relativamente reciente y puede tener una explicación: era una de las maneras que tenían los cantautores de soslayar a la censura existente en España durante la dictadura de Franco. Una alianza perfecta que permitió al flamenco y a la poesía volar juntos y en libertad.

Paco Ibáñez vivía exiliado en París cuando adaptó un poema de Góngora al que siguieron otros de García Lorca. Tras el primer disco, publicado en 1964, llegaron otros con más poetas: Rafael Alberti, Miguel Hernández, Quevedo, Antonio Machado y J. A. Goytisolo, que conforman el histórico recital en el teatro Olympia de París de 1969. Se convirtió en el disco de referencia de los opositores al franquismo, tanto dentro como fuera de España.

Aquel disco consagró a un cantautor cuyo mérito no era escribir versos ni cantarlos armoniosamente. Paco Ibáñez tenía algo que se descubrió con la generación del punk: la actitud. Aquel cantautor conseguía comunicar algo nuevo con versos antiguos. En aquella época, los poetas que perdieron la guerra, Antonio Machado, Lorca o Miguel Hernández, circulaban bajo mano, a ratos consentidos, y nunca aparecían en los escaparates de las librerías españolas. Los censores vigilaban las actividades de poetas vivos como Blas de Otero y prohibían que se hicieran realidad discos como el de Pablo Guerrero con poemas de Miguel Hernández o censuraban la emisión radiofónica que había realizado Paco Rabal.

Lorca se había convertido en un símbolo universal y pasó la censura por orden expresa de Franco, quien autorizó la edición de sus obras completas en la editorial Aguilar en 1954. Pero la censura era caprichosa. En 1971, Enrique Morente publica ‘Homenaje flamenco a Miguel Hernández’. Dos de sus adaptaciones, ‘El niño yuntero’ y ‘Sentado sobre los muertos’, son consideradas “no radiables” junto a composiciones de Brassens, el “Sex Machine” de James Brown o las canciones del álbum ‘Tapestry’ de Carole King. La censura solía combinar sexo y política haciendo extraños compañeros de cama.

En 1968, Serrat quiso cantar el ‘La-la-lá’ en catalán y fue sustituido por Massiel, que ganó el festival de Eurovisión. Ese mismo año, Maruja Garrido le cantó al Che Guevara y a la guerrilla latinoamericana: “Che, camino, patria o muerte es mi destino”. No lo pusieron en la radio, pero el disco se publicó en elepé. Esa canción jamás habría pasado la censura en la voz de Serrat, quien obtuvo otro gran éxito con su disco dedicado a Miguel Hernández, el profeta preferido por los flamencos por detrás de Lorca. Carmen Linares, Fraskito o Niño De Elche le han dedicado sendas grabaciones en este siglo XXI. Sandra Carrasco, una cantaora con pasado, presente y futuro, señalaba su interés por Miguel Hernández tras pasar por el ciclo ‘Versos y Jipíos’ en Málaga, con el apoyo de Cervezas Alhambra.

MENESE Y MORENTE


José Menese militaba en el flamenco y en el partido comunista, y se expresaba con rotunda claridad en ambos casos. Desde mediados de los años sesenta, utilizaba las letras que le escribía el pintor y poeta Francisco Moreno Galván, las adaptaba a la métrica tradicional de cada cante y lo hacía defendiendo la ortodoxia del flamenco.

Enrique Morente era más dado a resignificar los viejos cantes con pequeñas modificaciones de los cantes antiguos, práctica habitual entre los cantaores de todas las épocas. Eso resultó particularmente significativo el día que cantó: “Pa ese coche funeral/ yo no me quito el sombrero/ que la persona que va dentro/ me ha hecho a mí de pasar los más horribles tormentos”. La copla original decía “mujer” en lugar de “persona”. Está considerado el fandango más caro de la historia, puesto que le valió a Morente una multa de 200.000 pesetas. El motivo es que lo cantó el día de la muerte de Carrero Blanco, presidente del gobierno y mano derecha de Franco.

DE BORGES A GARCÍA MÁRQUEZ


Carmen Linares está cumpliendo 40 años en el flamenco. Al principio de su carrera en Madrid compartió peña, tablao y referencias con Morente. Pionera a la hora de reivindicar el cante de mujer, también ha recurrido a poetas como Juan Ramón Jiménez, pero ha llegado a adaptar a Borges en la ‘Milonga del forastero’. Su disco ‘A Miguel Hernández’ (2017) constituye una delicada muestra de evolución en el flamenco al trascender y madurar el trabajo que realizó en su momento Enrique Morente.

La cantaora Esperanza Fernández encontró el duende entre los versos de José Saramago y se guio por la manera de musicalizar del cantautor Luis Pastor. Más complejo resultó adaptar los relatos de Gabriel García Márquez al flamenco. Lo hizo Juan Peña Lebrijano en una de sus últimas grabaciones y tituló el disco con una frase que le dedicó el propio premio nobel: “Cuando Lebrijano canta, se moja el agua” (2008). En ese disco debutaba un joven guitarrista de Lebrija llamado Rycardo Moreno, quien años más tarde lideraría un proyecto igualmente comprometido, adaptar los relatos del escritor uruguayo Eduardo Galeano, para el que contó con la versatilidad del cante de Sandra Carrasco y el acordeón del portugués Joao Frade.

Así se constata otra vez que la evolución del flamenco contemporáneo, el de los últimos 40 años, ha tenido la ayuda inestimable de los poetas que han alimentado la curiosidad de los artistas más creativos.



Imágenes | UNSPLASH

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