Planes - Cultura
Rituales de verano que podemos trasladar al otoño para esquivar la morriña estival
Las últimas semanas del verano siempre se viven con cierta añoranza, especialmente por lo que estos meses tienden a representar para la mayoría: descanso y tiempo de calidad para disfrutar con los nuestros. Aunque, con la ayuda de pequeños rituales, es posible disminuir la nostalgia para abrazar la llegada del otoño
No es ningún secreto lo mucho que cuesta decir adiós a los días que parecen eternos, al calor, el tostado y salado de la piel o las noches interminables de terrazas entre risas. Despedirse del periodo estival es uno de esos instantes que se viven con cierta morriña, puede que por la consciencia de que las temidas to-do-lists vuelvan a convertirse en las protagonistas del día a día. Pero ¿y si fuera posible llevarse algo del verano a las rutinas diarias?
Cómo atrapar el verano en otoño
Septiembre se percibe por muchos como un arranque de curso que resta libertad y suma obligaciones: agendas con horarios imposibles en las que el reloj se acelera tanto que, en ocasiones, se está más pendiente de lo próximo que se debe hacer que del presente. Lo más curioso es que, unos días antes, la pausa sí formaba parte de la jornada y lo hacía sin necesidad de aparecer en ningún horario, simplemente por la elección personal de vivir el momento. Por lo tanto, el primer paso para no sentir el otoño como un peso sobre los hombros es volver a encontrar esos instantes de conexión con el aquí y el lugar en el que se está.
Y sí, es verdad que la vuelta al trabajo puede dificultar ligeramente el objetivo marcado, pero el éxito se esconde en facilitar la tarea reduciéndola a su esencia: encontrar sesenta minutos por y para nosotros. ¿Dónde? Con un desayuno especial mientras escribimos el journal para organizar los pensamientos; abriendo una Alhambra Reserva 1925 al volver de la oficina, desconectando el móvil y sentándose en el balcón para bajar pulsaciones; o sumergiéndose, antes de dormir, en una historia de ficción.
Una de las razones por las que extrañamos tanto el verano es porque es una época en la que nos permitimos parar y estar más presentes. Así que ¿por qué no convertir esta filosofía estival en una forma de vida anual?
Otra forma de seguir disfrutando
El cambio de hora no significa que las playas pasen a estar cerradas durante seis meses, que los bosques no acepten caminantes por sus rutas o las terrazas de los bares vayan a desaparecer. Tan solo que será necesario adaptar ligeramente los planes al nuevo horario del sol y las temperaturas del momento. O, dicho de otra forma, acordarse de incorporar una sudadera, cambiar la gorra por un gorro algo más abrigado y las chanclas por unas deportivas con calcetines.
Es posible seguir surfeando en otoño, solo que el neopreno deja de ser una opción para convertirse en una necesidad. Sí, las rutas siguen siendo una posibilidad, con un calor menos intenso y teniendo que estar pendientes de la hora para evitar que se nos haga de noche. ¿Y acaso las terrazas no se disfrutan casi más cuando las temperaturas caen unos grados y nos reencontramos con amigos para contarnos el verano y hacer planes para el otoño?
La nueva estación no implica abandonar planes, solo adaptarlos a unas nuevas condiciones y encontrar la mejor fórmula para garantizar su presencia.
El sabor no desaparece, solo se transforma
Durante tres meses los gazpachos, las ensaladas de pasta y los entrantes fríos se han convertido en los protagonistas de las mesas de cualquier casa. Sin embargo, es innegable que con la bajada de las temperaturas son recetas que apetecen algo menos. Esto no significa renunciar al sabor de los ingredientes que más nos gustan, solo descubrir nuevas elaboraciones con ellos. Por ejemplo, el tomate seguirá presente, solo que en lugar de hacerlo en forma de salmorejo ahora podemos probar con una sopa, y en el caso de la ensalada se puede sustituir por un escalibada templada.
Aunque la llegada del otoño también representa una oportunidad para incorporar frutas y verduras de temporada a la dieta. Para ello solo es necesario rebuscar en el recetario para encontrar aquellas propuestas que sacan el mayor partido de productos como la calabaza, ya sea en forma de creativas bebidas o tradicionales cremas.
Romantizar una tarde de lluvia en el balcón, abrazados a una manta ligera y una buena novela; atesorar un atardecer en la arena con una cazadora o asar las primeras castañas para saborearlas en el jardín de casa no es sinónimo de pérdida, sino de ganancia. Al final, la llegada del otoño no es una despedida del verano, solo una oportunidad para incorporar el aprendizaje de la importancia de pausar el tiempo para disfrutarlo a lo largo de los 365 días del año.
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