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Cultura

Tres rutas en bicicleta para pedalear el verano y disfrutarlo sobre ruedas

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Pedalear, explorar, reencontrarse y conocer siempre algo nuevo en el camino. Estas tres rutas nos conectan con la naturaleza y con la magia de los viajes de verano.

Por Esther Morales

Un golpe de pedal es lo único que nos separa de todo lo que una bicicleta en marcha nos permite descubrir. Porque sobre ella todo es diferente. La agradable brisa se siente como nunca sobre la piel, nuestro sentido del equilibrio vuelve a su ser después de tantas lecciones durante la infancia y, con suerte, la experiencia hace que las piernas se olviden de que no hacemos suficientes sentadillas durante el resto del año.

Decía el periodista Christopher Morley que la bicicleta sería siempre “el vehículo de novelistas y poetas”. En efecto, este artilugio de dos ruedas es toda una fuente de inspiración creativa, quizás por su forma de reconectarnos con la naturaleza y con el espíritu explorador o, simplemente, por eso de que ‘son para el verano’.

Tanto si nos movemos a través de la ciudad, como si aparecemos en el paraje más insólito, la bicicleta es una fiel acompañante que nos recuerda la importancia de vivir la experiencia aquí y ahora. Con ella no solo dejamos la huella de nuestras ruedas sobre el camino, sino que es el propio camino el que nos marca para siempre, con viajes para el recuerdo, vivencias y paradas al final del paseo, que siempre saben mejor tras brindar con Alhambra Lager Singular.

Estas tres rutas veraniegas, para un paseo en llano, sin presiones y sin prisas, son todo lo que necesitamos para trasladarnos directamente a nuestros veranos de siempre sobre las dos ruedas.

Brihuega: cómo perderse entre campos de lavanda



Cuando llegan los meses de verano, este espectáculo de color invade el municipio de Brihuega. Si bien los más curiosos llevan años peregrinando a la Provenza francesa para poder ver y llenar su feed de Instagram de campos de lavanda en flor, no todo el mundo sabe que Castilla-La Mancha alberga su propia versión, que sin duda merece la pena recorrer sobre una bicicleta.

Esta es una zona que admite multitud de rutas, con mucho desnivel para los más expertos, o llana y sencilla para los que únicamente buscan admirar la belleza de un paisaje único. En cualquier caso, como siempre advierten los entendidos, lo más recomendable es evitar las horas de más calor para recorrer la zona. Incluso conviene adentrarse en la zona en pleno atardecer para presenciar cómo se entremezclan los azules y rosas del cielo con el lavanda, el verde y el color tierra del campo.

Bardenas Reales, entre el desierto y la variada huerta navarra



Cualquiera podría creerse que estamos en medio de Arizona al ver semejantes formaciones en la tierra. Esa es la magia de las Bardenas Reales de Navarra, todo un paraje desértico que nos haría sentir como en una expedición a Marte si no fuera por las huertas y viñedos que asoman en sus límites, que contrastan gracias al color de sus hortalizas de temporada.

También es un paseo que disfrutaremos más si se hace de buena mañana (aunque se ubique en el norte, las Bardenas no dejan de ser un desierto). Un plan perfecto puede ser visitarlas de buena mañana y regresar a Tudela para la hora del aperitivo, cuando podremos tomar algún que otro pintxo local y refrescarnos con cada sorbo de Alhambra Lager Singular.

La Graciosa y el camino hasta la playa de Las Conchas



El verano y la playa van de la mano, aunque en lugares como La Graciosa nos podemos permitir el lujo de alargar los chapuzones hasta que empieza el invierno. Esta pequeña isla canaria se ha convertido en uno de los destinos favoritos para los que buscan desconectar y, entre sus planes estrella, está la visita de sus rincones en bicicleta.

Tampoco hay que ser ningún experto, porque en la isla se pueden alquilar modelos eléctricos que nos ayudarán a hacer el recorrido mucho más llevadero. Esto es algo importante en los meses de verano, porque conviene ir con la sombrilla a cuestas y protegerse bien del sol. ¿El destino definitivo? La playa de Las Conchas, un rincón de aires paradisíacos, aguas turquesas y agradable brisa, que además nos ofrece unas preciosas vistas al llamado archipiélago Chinijo en el horizonte.

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