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¿Juzgar un libro por su portada? Cómo la literatura se convirtió en objeto de decoración
El interés por los libros traspasa al de sus propios textos y, desde hace unos años, las editoriales reeditan clásicos y contemporáneos en ediciones de coleccionista, ilustradas o comentadas convirtiendo la novela en un objeto de deseo que va más allá del mundo literario
Las novelas que sirven como base de películas o series tienen un efecto dominó en el mundo de las editoriales, que observan cómo en cuestión de semanas libros que parecían olvidados por los lectores se convierten en auténticas tendencias. El caso más reciente es el de Cumbres Borrascosas (1847), de Emily Brontë, que gracias a su última adaptación cinematográfica a cargo de Emerald Fennell (2026) ha vuelto a estar de rabiosa actualidad.
A las adaptaciones a la pequeña o gran pantalla también se unen las teatrales. No hay mejor ejemplo que el de Las gratitudes (2019), de Delphine de Vigan, que, tras situarse como uno de los títulos más leídos de la autora, ahora la historia se disfruta sobre las tablas de un escenario como el madrileño Teatro de la Abadía.
Pero ¿qué otra estrategia siguen las editoriales para mantener vivos sus libros décadas, o incluso siglos, después de su primera publicación? La de convertir el libro en algo que trasciende más allá de las letras o el texto: un objeto de coleccionista gracias al formato de lujo, ilustrado o de coleccionista.
De libros a pequeñas joyas: clásicos ilustrados
Desde Jane Austen hasta las hermanas Brontë, pasando por Mary Shelley, Dostoyevski, Ernest Hemingway o Federico García Lorca. Dentro de Alma Clásicos Ilustrados lo importante, a la hora de buscar una nueva vía narrativa para las palabras no es el género, sino el reconocimiento alcanzado por el autor de la historia.
Sostener entre las manos una de estas obras revisadas por la Editorial Alma es tener la oportunidad de volver a adentrarse, o hacerlo por primera vez, en una historia que en esta ocasión se presenta salpicada de espectaculares ilustraciones a cargo de profesionales como Daniel Montero, Rui Ricardo o Ilu Ros.
Y una vez leída, la tentación es clara: ¿por qué no dejar la obra abierta y expuesta para que todo el que visite nuestra casa pueda admirar tan espectacular trabajo visual? Tan sencillo como buscar, o construir, una vitrina que albergue el libro en el que luzcan sus impresionantes páginas.
Historias infantiles para toda la familia
En los últimos años la editorial Folioscopio está publicando, dentro de su colección Clásicos Minalima, una serie de historias infantiles en los que la ilustración se mezcla con los elementos interactivos. Una forma diferente de aproximarse a las aventuras de Peter Pan y Campanilla, a la historia de amor entre Bella y Bestia, calzarse unos zapatos rojos rubíes en el Mago de Oz o perseguir a un conejo en Alicia en el país de las maravillas.
Aunque si crecimos en el mundo de la fantasía, resulta casi imposible resistirse a la edición ilustrada que Salamandra Infantil y Juvenil ha lanzado, en las librerías de medio mundo, del universo de Harry Potter de J. K. Rowling. En un formato de libro mucho más grande al habitual, la magia que esconden sus textos se convierten en impresionantes viñetas animadas por ilustradores como Jim Kay.

Otra forma de acercarse a una aventura conocida
Por último, este artículo no se podía concluir sin dedicar un espacio, que se han ganado por derecho propio, a las adaptaciones gráficas de novelas de gran éxito o renombre. De esta forma, un ensayo como El infinito en un junco (2019), de Irene Vallejo, que llegó a las librerías sin hacer mucho ruido y se convirtió en un auténtico éxito de público y crítica, también se puede disfrutar con la visión ilustrada desarrollada por Tyto Alba.
Algo similar ocurre con Malaherba (2019), del periodista y escritor Manuel Jabois, que ahora nos permite elegir entre leerla en formato novela o sumergirnos en ella a través de la adaptación gráfica de Bartolomé Seguí.
Y qué decir de aquellos autores que deciden traducir del castellano de Cervantes al más actual del siglo XXI una obra como El Quijote. El responsable de asumir semejante reto no podría ser otro de Andrés Trapiello y, de la mano de Ediciones Destino, tenemos, además, la oportunidad de comparar ambas historias. ¿El resultado? Que los lectores más curiosos pueden ver cómo narraba la historia de su hidalgo el escritor alcalaíno en 1605 y como se hubiera contado en la pluma de un vallisoletano en 2015.
Sin duda, las editoriales han encontrado mil y una formas diferentes de lograr que el valor de un libro traspase a la propia historia. De convertir una simple recopilación de páginas en un objeto que bien podría decorar cualquier rincón de una casa, gracias a su cuidada encuadernación y a la belleza de sus ilustraciones. Pero, sobre todo, un camino para volver a degustar, sin prisa, las creaciones soñadas de un autor mientras la maridas con una de tus Cervezas Alhambra favoritas.
Créditos: Folioscopio | Salamandra Infantil y Juvenil | Debate
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