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Recetas
Por María José Amengual
Una receta clásica que puedes servir para abrir boca en un picoteo informal o como cena para compartir. La empanada de carne es una de esas elaboraciones versátiles que funcionan en casi cualquier ocasión: fácil de preparar, sabrosa y muy agradecida a la hora de adaptarla a distintos gustos.
Hay recetas que se preparan para ser disfrutadas en compañía, compartiéndolas con amigos o familia e intentando alargar al máximo ese instante para que perdure en nuestra memoria, del mismo modo que los maestros cerveceros de Cervezas Alhambra elaboran cada variedad con la idea de que nos acompañen en momentos especiales, los aderecen, maximicen su encanto.
Solo valorando esas vivencias por lo que son, sabiendo que debemos saborearlas intensamente, degustando la vida, conseguiremos que los días transcurran a otro ritmo, sin prisa, brillando por lo que son: irrepetibles.
Una receta como esta empanada será la excusa perfecta para charlar en torno a una mesa y brindar con Alhambra Reserva Roja. Como ocurre en otras muchas recetas, esta admite variaciones para ser adaptada a todos los gustos. Estará deliciosa si al relleno se le agregan frutos secos, champiñones, guisantes o incluso trocitos de huevo duro. Nada como poner en marcha la imaginación para conseguir resultados deliciosos.
Tanto si la servimos como aperitivo, en trocitos pequeños, como si la preparamos para una cena informal y la llevamos a la mesa para que cada comensal se sirva la cantidad deseada, lo cierto es que esta receta requiere de pocas complicaciones para servirla y disfrutarla. Una ensalada de hojas verdes variadas será, en todos los casos, la mejor opción para aligerar el relleno de esta empanada.
Si se quiere darle un punto extra sin restarle protagonismo, se puede añadir algún ingrediente fresco y ácido para equilibrar la intensidad de la carne y el tomate. En este sentido, funcionan muy bien unas lascas de cebolla, pepinillos o un aliño con cítricos. También se puede acompañar con guarniciones sencillas que aporten contraste de textura: unas verduras asadas, un tomate aliñado o incluso una crema ligera, sobre todo si la empanada se sirve como plato principal. Si lleva un relleno más contundente o extras como frutos secos o huevo duro, conviene acompañarla con algo más fresco y vegetal para que el conjunto no resulte pesado.
Para maridarla, la cerveza ideal es Alhambra Reserva Roja, una variedad inspirada en las cervezas Bock alemanas. Una cerveza de ‘trago lento’, que requiere dejar a un lado las prisas para poder saborear en su totalidad. Es ideal para acompañar con la empanada de carne por su afinidad de sabores tostados y cereal, así como por equilibrio de gustos en boca entre la acidez del relleno y la cerveza.
La empanada es, en esencia, una masa fina de pan, masa quebrada u hojaldre rellena con una preparación salada o dulce y cocida al horno o frita. Ese relleno puede incluir carnes rojas o blancas, queso, pescado, verdura o incluso fruta, y la masa suele elaborarse con harina de trigo (aunque también puede ser de maíz u otros cereales), además de alguna grasa como aceite o manteca. Con distintas formas y tamaños, es un plato tradicional en gran parte del mundo hispano: España, Hispanoamérica e incluso Filipinas. Aunque preparaciones similares existen en muchas cocinas: del calzone italiano al Cornish pasty británico.
Según parece, los griegos preparaban una pasta, conocida como philo, especial para ser rellenada. Esta pasta, de textura suave, crujiente y fina una vez horneada, pasó a hacerse muy popular, extendiéndose rápidamente hacia todo el Medio Oriente. En nuestro país parece muy probable que su entrada viniese de la mano de los árabes en Al-Ándalus. Se atribuye a Tarig ibn Ziryad, quien dio nombre a la ciudad de Gibraltar.
Los árabes preparaban una especie de empanadillas de trigo rellenas con carne de cordero conocidas como fatay o esfiha, así como otras variedades tanto dulces como saladas, que calaron hondo en nuestra cultura y que se fueron difundiendo con mayor o menor fortuna a todos los rincones del país. Durante la Edad Media, estas masas rellenas permitían conservar la carne durante varios días, y esa función práctica, junto a su combinación de sabores, explica un éxito que se mantiene hasta hoy.
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