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Cultura

Larga vida al pequeño comercio, la llama de una tradición que no se apaga

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Las tiendas con encanto reivindican su papel en la formación del carácter de una ciudad. Adentrarse en ellas es recordar un modo diferente de ir de compras, en el que la atención al detalle prima, en el que reinan la conversación con el cliente y el conocimiento de cada producto.

Por Eva Gracia

Una ciudad no es nada sin sus calles, sin la vida que las abarrota. Y no es nada sin sus comercios, los responsables de ese bullicio, los que le dan alegría, color y personalidad. Porque una ciudad no se conoce hasta que no se observa, con ojos curiosos, ese patrimonio cultural e histórico (de la historia de cada día, pero no menos importante que la Historia) que es el pequeño comercio.


Las tiendas de barrio (o del centro, pero con espíritu de comercios de toda la vida) distinguen a las ciudades, las salvan del halo de fotocopia y franquicia que a veces parece envolverlas. El pequeño comercio imprime carácter a una ciudad a través de sus escaparates y sus letreros. Y, de algún modo, narra su pasado y su futuro: el ayer, a través de los comercios de segunda y tercera generación, fruto de un modo de vida que ya no es tal; el mañana, a través de establecimientos que materializan proyectos personales con vocación de aportar novedad y singularidad. Ambos, los del pasado y los del futuro, son el presente.

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<p>Las tiendas de barrio (o del centro, pero con espíritu de comercios de toda la vida) distinguen a las ciudades, <strong>las salvan del halo de fotocopia y franquicia que a veces parece envolverlas</strong>. El pequeño comercio imprime carácter a una ciudad a través de sus escaparates y sus letreros. Y, de algún modo, narra su pasado y su futuro: el ayer, a través de los comercios de segunda y tercera generación, fruto de un modo de vida que ya no es tal; el mañana, a través de establecimientos que materializan proyectos personales con vocación de aportar novedad y singularidad. Ambos, los del pasado y los del futuro, son el presente.</p>

Hubo un tiempo en el que “ir de tiendas” significaba algo distinto: suponía encontrar locales y productos únicos, seleccionados con cariño por los responsables de cada comercio a viajantes que recorrían España con maletas llenas de muestrarios. Reinventándose y adaptándose a los nuevos tiempos, ese pequeño comercio sigue existiendo. Y reivindica más que nunca su valor, su importancia para construir barrio. Porque, junto a los bares —un barrio es tu barrio cuando has encontrado ese bar al que acudir a brindar con una Alhambra Especial y sentirte como en casa—, es el responsable de dar personalidad a una ciudad.


Un ejemplo de ese carácter reivindicativo del pequeño comercio es la iniciativa Pelayo District: desde un perfil en la red social Instagram, muestra a madrileños y visitantes las virtudes y encanto de las tiendas y locales de la calle Pelayo y alrededores de la capital. Desde la floristería Margarita se llama mi amor a la firma de moda Oteyza, que reinventa la tradición de la sastrería española, pasando por la tienda de Lucía Be, una firma llena de “joie de vivre” y pasión en cada detalle y producto.

La experiencia de comprar en el pequeño comercio

Vivimos en la era de la experiencia. Viajar no es solo visitar sitios, es una experiencia que cambia tu perspectiva del mundo; salir a cenar no es solo ir a comer, es vivir una experiencia gastronómica; ir al cine es vivir la experiencia audiovisual… ¿Y si la experiencia de compras más auténtica (o, al menos, castiza) está en el pequeño comercio?


Cruzar la puerta de una de esas tiendas con solera o de las que reinventan el concepto de tienda con encanto es adentrarse en una forma diferente de comprar. En ellas se apuesta por una filosofía en la que reina la atención al detalle, como en el manifiesto de Cervezas Alhambra.


Mimar a cada cliente, atenderle personalmente, dedicarle el tiempo que necesite, conversar… Son las máximas de estos establecimientos, que, como la casa granadina hace en sus cervezas, ponen intención a cada detalle para hacerte sentir algo único. Para que, a través de ese sexto sentido llamado tiempo, redescubras el placer de ir de compras de una manera diferente, pausada, sin prisa, conociendo la historia personal de cada local, el encanto y origen de cada producto.


Poco a poco, la reivindicación del pequeño comercio va tomando forma de movimiento que traspasa fronteras. Son muchas las voces de prescriptores y consumidores que claman por él, que predican con el ejemplo y apuestan por apoyar a pequeños negocios y marcas. Es un anhelo de carácter internacional, como refleja el perfil de Instagram The Shop Keepers, dedicado a recopilar tiendas con encanto de todo el mundo. Con la frase “salvemos a los comercios pequeños” como grito de guerra, cuenta con una comunidad compuesta por más de 160.000 seguidores.

Un paseo por el pequeño comercio ‘made in Spain’

La riqueza del pequeño comercio es inabarcable en un solo artículo, pero sirva esta selección como una muestra de su variedad: a lo largo y ancho de España, las tiendas pequeñas y con personalidad distinguen las calles y plazas del país. Muchas de ellas comparten algo en común, la apuesta por la artesanía, tanto la de toda la vida como la contemporánea, esa que también encuentra su hueco en El Mirador de Cervezas Alhambra, pues la cervecera granadina, ligada desde sus orígenes a la artesanía, opta por la creatividad y creación actuales como parte de su identidad.

  • González & González

    “En un mundo en el que todo cambia rápidamente, influenciado por modas pasajeras, hemos echado la vista atrás intentando rescatar objetos hechos sin prisas y pensados para durar”. Así se presenta González & González, una encantadora tienda en el número 68 de la calle Pelayo de Madrid (con versión online). En sus estanterías reales y virtuales se pueden encontrar artículos para la cocina, el baño, el comedor o el escritorio; todo, en “un lugar para volver atrás en el tiempo y dejar entrar en nuestro entorno la sencillez de toda una vida”.

  • González & González

Real Fábrica Española

Con tienda física en el número 9 de la calle Cervantes de la capital, pero nacida en el entorno online, Real Fábrica Española condensa en su oferta el pasado artesanal español. Con una bella historia detrás, este proyecto salva del olvido el trabajo de muchos creadores del país, y dispara directamente al corazón de los más nostálgicos.


Colmado Shop

Con una tienda en Madrid y otra en Barcelona, Colmado Shop ejerce de selectora y descubridora de marcas de diseño contemporáneo, con una fuerte apuesta por el ‘made in Spain’. El calzado de Naguisa, la ropa de Rita Row y la cerámica de diversos artistas protagonizan su oferta.

El tupé asesino


El pequeño comercio admite tanta innovación como inventiva tengan sus impulsores, capaces de imaginar para sus establecimientos un universo propio, que, incluso, traslade a los visitantes a otra época. En ese marco de comercios de nuevo cuño y con mucho que aportar se encuentra El tupé asesino, una encantadora tienda del barrio de San Pablo de Zaragoza dedicada a la moda inspirada en los años 50. En ella se respira espíritu rockabilly, suenan Elvis Presley y Little Richard y habita una bella maniquí, llamada Rosetta, a la que no se le resiste ningún vestido de cintura alta.


Imágenes | The Shopkeepers - Facebook, El tupé asesino - Facebook, Real Fábrica Española - Facebook, González & González - Instagram, Unsplash - Krisztina Papp

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